Esta historia de amor desata una pregunta incómoda, pero legítima: ¿quién paga?
La imagen dantesca de la imposición de Rosario Piedra en la CNDH confirmó el maldito presagio.
AMLO cooptó la institución.
La hija de Rosario Ibarra se plegó sin pudor alguno a los intereses de la ‘4T’.
Calló como momia ante el sexenio más violento de la historia reciente.
Los recortes presupuestales por la quesque austeridad republicana no son excusa para ser la piedra de los derechos humanos.
Comprobándonos, una vez más. que no son iguales, sino peores.
Qué les cuento, que uno de los funcionarios relacionados con las áreas financieras eligió uno de los destinos más exclusivos del mundo para pedir matrimonio: las Maldivas.
El escenario: un resort de lujo, aderezado por un anillo Tiffany y, para principios de 2027, una boda programada en San Cristóbal de las Casas.
Esta historia podría quedarse en las páginas de sociales si no fuera porque detrás del viaje, el anillo y la celebración hay una pregunta que resulta inevitable cuando se trata de un servidor público: ¿ de dónde sale el dinero? Cada quien celebra el amor como quiere y, sobre todo, como puede .
El problema no es el lujo; el problema es la congruencia de quienes pregonan la austeridad republicana.
Fuerte a pico de botella El protagonista de esta historia de amor es el director de Impacto y Evaluación Financiera de la CNDH, Vicente Antonio Villalobos Velazco, quien antes de llegar a la comisión no tenía así como un gran currículum que presumir.
Entre 2018 y 2025 fue jefe de oficina de la Dirección General de Acreditación, Incorporación y Revalidación de la Secretaría de Educación Pública, la conocida DGAIR.
Anteriormente, pasó por el gobierno de Veracruz como ejecutivo de Proyectos Culturales y Artísticos.
De las oficinas gubernamentales nos vamos a las Maldivas .
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