Federico Cecchetti y el alma triple, por Jorge Ayala Blanco
En Jíkuri, viaje al país de los tarahumaras (Francia-EU-México, 2024), chamánico film 2 del excuequero de 42 años Federico Cecchetti (primer largo: El sueño del Mara’akame, 16), con guion suyo y Pierre Saint-Martin Castellanos (No nos moverán 24), el vigoroso corredor tarahumara Rayénari (José Cruz Apachoachi) da alcance en imposible carrera por el bosque a un venado para destazarlo como alimento natural familiar, se enfrenta al adversario alebrestado de su misma etnia (Martín Makawi) que lo emplaza a concederle la revancha en una próxima gran carrera ceremonial con mayores tramos pateando una pelota y a lo cual el buen hombre asienta y, negándose a ser considerado como un hechicero, pasea en idilio romántico al lado de su pícara esposa Mechá (Esther González) que al recostarse con él en despoblado le confiesa entusiasta hallarse embarazada de nuevo, luego ven perseguirse alrededor de la cabaña a sus dos hijitas que ya apuntan para llegar a ser tan buenas corredoras como su padre, si bien por la noche, el tranquilo varón recibe la visita del amigo de cierto despistado y terco europeo cuyo apelativo es Antonin Artaud (François Négret) que se dice un poeta interesado en las danzas rituales rarámuris y es acomodado por fuerza tradicional en el hogar del hospitalario espontáneo Rayénari, donde va a permanecer asilado desde entonces, compartiendo comida, hogar y costumbres, aunque ninguno de ellos comprenda cabalmente el lenguaje del otro amigo instantáneo, y pese al repudio tribal que se gana el intruso durante un juicio sumario por parte de la xenofobia justificada de otros indígenas cansados de los robos sufridos por los extranjeros chabochis (“Por mí que se largue”), pero el monologal y casi autista huésped, quien poco a poco va a ser acepado por la rechazante comunidad, durante una nocturna danza ritual se atreve a invocar el nombre del Jíkuri, el temible ladrón de almas cuya sola mención puede ser catastrófica, y en efecto lo resulta, provocando un malestar en ese de súbito enloquecido y glosolálico francés que debe ser conducido por su ahora preocupado amigo tarahumara ante el curandero chamán habitante en una lejana cueva serrana Sipa’alme (Felipe Fuentes Chávez) quien, tras hacerles ingerir un brebaje alucinógeno a sus visitantes, certifica la pérdida de una de sus tres almas por parte de Artaud, al tiempo que advierte la imperiosa necesidad de que el buen Rayénari asuma su destino como curandero para sanar de manera primordial al amenazado fatal Artaud, quien de regreso a su acogedor redil rarámuri, no tardará en extraviarse más que espiritualmente en el transcurso de una frenética danza ritual, desapareciendo de la Sierra Tarahumara y del país, pero reapareciendo en estado delirante dentro de un manicomio francés donde ha sido recluido como cas
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.eluniversal.com.mx — el contenido pertenece a El Universal.