Trump y la crisis estratégica de la potencia mundial
La radicalización de la presidencia de Trump , pase lo que pase en las elecciones del próximo noviembre, es un hecho inevitable.
La decisión y la capacidad de intervenir en los asuntos internos de otras naciones por parte del gobierno de Washington son cada vez más evidentes y agresivas en los ámbitos ideológico, propagandístico, bélico, comercial y empresarial.
La guerra en Irán , sin fin ni propósito estratégico, puede leerse como parte de un aislamiento pragmático radical de la propia potencia militar mundial estadounidense.
Ahora, con los virajes de poder hacia una comunión de intereses entre Putin y Trump, la mayoría de los países de Europa —particularmente Francia, Alemania y Reino Unido— se cuestionan cómo respaldar su propia política y defensa continental sin Washington , cómo mantener firme su apoyo a Ucrania y cómo evitar el fracaso de su resistencia en la guerra contra Rusia.
A la par, alrededor del presidente Trump se despliega una especie de competencia interna en su círculo más estrecho de confianza y decisiones políticas clave, con impacto en el destino del mundo: Marco Rubio —secretario de Estado, con amplios poderes en seguridad nacional—, el vicepresidente J.
D.
Vance, el principal asesor de Trump, Stephen Miller, y el propio Elon Musk potencian líneas de conflicto y posicionamientos de ultraderecha y de cambio de régimen en diversas partes del mundo, particularmente en América Latina y Europa, en especial Francia y Alemania.
Se trata de un ejercicio de poder cuya radicalidad fragmenta la certidumbre y la duración de las alianzas con naciones y gobiernos afines al gobierno de Trump.
Al mismo tiempo, dinamita esas relaciones mediante procesos de humillación e imprevisibilidad estratégica , al preferir relaciones de suma cero en diplomacia, comercio y competitividad.
La ilusión vana y la esperanza vacía de sus detractores y enemigos es que Trump sea derrotado de manera determinante, al perder —en noviembre próximo— ambas mayorías legislativas : en la Cámara de Representantes y en el Senado estadounidense.
Resulta interesante que, aun si se consumara un escenario de debilidad política estructural interna de la presidencia de Trump —como el que implicarían las victorias legislativas del Partido Demócrata—, ello no necesariamente lograría moldear, en los hechos, la capacidad del presidente Trump de seguir gravitando en el destino de la guerra ruso-ucraniana, el estrecho de Ormuz, el futuro de Netanyahu en Israel y el fortalecimiento de regímenes ultraderechistas en América Latina y Europa.
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