NosotrAs: Las puertas que dejamos abiertas
Me sorprendió recibir la invitación para colaborar en este espacio.
Lo que no me sorprendió fue que quien me buscara fuera una mujer.
Cuando pensé en qué quería escribir, no sabía muy bien por dónde empezar.
Quería hablar de lo que hago, de aquello que me apasiona, pero disfruto tantas actividades que, vistas desde afuera, algunas parecen no tener relación entre sí.
Creo que nací con mucha curiosidad.
Esa curiosidad me ha llevado por caminos diversos: la actuación, la dirección, la voz, la docencia, la escritura, la imagen, la acuarela, la creación.
Un tutti frutti de quehaceres que, con los años, terminó por revelar su propia lógica.
Mientras intentaba enumerarlos, reparé en algo en lo que nunca me había detenido demasiado: en los últimos años, muchas de las personas que me buscan, me recomiendan, me invitan a colaborar o confían en mí para un proyecto son mujeres.
No sé exactamente cuándo ocurrió.
Simplemente me fui acostumbrando a una llamada, una nueva propuesta... y a encontrar del otro lado a una mujer que había pensado en mí.
Sin percatarme, me habitué a ese nuevo privilegio.
Con los años también he descubierto que la vida posee un sentido del humor muy particular.
Algunas frases que escuché alguna vez terminaron pareciéndose a pequeñas profecías, aunque fueran dichas sin la mejor de las intenciones.
Durante la carrera, una maestra me llamó tonta frente al grupo.
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