Cómo lavar la ropa de color para evitar que los tonos pierdan intensidad
Lavar la ropa de color con agua fría y ciclos cortos ayuda a conservar los tonos y reduce el desgaste de las fibras.
La pérdida de intensidad suele comenzar por errores repetidos: separar mal las prendas, usar demasiado detergente o dejar la ropa al sol durante horas.
Las prendas nuevas requieren atención desde el primer lavado.
Algunas telas liberan exceso de pigmento, sobre todo las rojas, azules, verdes intensas y negras.
Conviene lavarlas por separado las primeras dos o tres veces para evitar que manchen otras piezas.
La clasificación no debe limitarse a separar ropa blanca y de color.
Las prendas oscuras, claras y de colores vivos deben formar cargas distintas.
Una playera rosa pálido puede perder brillo si se lava con pantalones negros, mientras que una prenda amarilla puede absorber residuos de pigmento azul o rojo.
El agua fría protege los pigmentos de la tela El agua caliente abre más las fibras y facilita que el color se desprenda.
Para ropa de color, una temperatura de entre 20 y 30 grados suele ser suficiente, salvo que la etiqueta indique otro cuidado.
El agua fría también reduce el encogimiento en algodón, mezclilla y algunas prendas con elastano.
Esto permite conservar tanto el tono como la forma original de la ropa.
Las manchas difíciles pueden tratarse antes del lavado, sin necesidad de elevar la temperatura de toda la carga.
Es preferible aplicar un poco de detergente líquido sobre la mancha y dejarlo actuar unos minutos.
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