NosotrAs: El emparrillado y el ovoide también son nuestros
Hay mujeres que ganan campeonatos.
Y hay mujeres que, después de ganar, regresan por las que todavía están intentando entrar a la cancha.
Durante mucho tiempo vimos y sentimos que “había lugares que no eran para nosotras”.
Lugares donde la fuerza tenía que ser masculina, donde la competencia parecía tener otro género, donde levantar la voz podía hacernos parecer demasiado intensas y donde querer ganar podía confundirse con dejar de ser femeninas.
Yo elegí un emparrillado y un balón.
Y no solamente encontré un deporte.
Encontré una parte de mí que quizá siempre había estado ahí: una mujer que quería competir, esforzarse, caer, levantarse y volver a intentarlo.
El football americano me enseñó muchas cosas.
Me enseñó disciplina, estrategia, trabajo en equipo y resistencia.
Pero, sobre todo, me enseñó que la fuerza también puede tener rostro de mujer.
He tenido la oportunidad de vivir el deporte desde distintos lugares.
Desde ser porrista apoyando a un equipo de hombres que jugaba football hasta ser la cabeza de un equipo femenil que participa a nivel nacional.
He sido tres veces campeona nacional y hoy tengo también el orgullo de formar parte del Salón de la Fama Nacional del Football Americano.
Pero con los años he entendido que hay algo que pesa todavía más que cualquier trofeo.
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