De la expansión digital a una agenda fintech compartida entre España y México
El sector fintech español se ha desarrollado sobre uno de los mercados financieros más digitalizados de Europa, con una adopción de los pagos instantáneos que alcanza ya a dos de cada tres españoles.
El rápido crecimiento del sector en los últimos años ha sido posible gracias a una regulación firme y a la vez flexible, que ha impulsado la innovación y ha protegido a los consumidores.
El modelo español encuentra un paralelismo en México, donde la industria fintech es la segunda mayor de América Latina con altos índices de crecimiento.
La fuerte expansión de las fintechs a ambos lados del Atlántico abre oportunidades para colaborar, compartir experiencias regulatorias y construir puentes entre México y Europa que den escala a nuestras empresas.
En la base del crecimiento fintech se encuentra la digitalización de la economía y de los servicios financieros, una transformación sin precedentes en la historia en nuestros países.
En el caso de España, la digitalización ha transformado los pagos cotidianos.
Bizum, la solución de pago inmediato creada por la banca española, que permite enviar dinero entre cuentas identificando el número de teléfono con el de cuenta, cerró 2025 con más de 30 millones de usuarios y 1.237 millones de operaciones.
La irrupción de nuevos servicios innovadores también ha mejorado el acceso al crédito de las pymes y ha permitido personalizar los servicios reduciendo a la vez los costos operativos.
Por número, destacan las entidades de financiación participativa y crowdlending .
Por dinamismo, sobresalen las que desarrollan servicios de pagos y las actividades relacionadas con los criptoactivos, blockchain y las tecnologías de registro distribuido (DLT).
Esta nueva competencia ha impulsado a las entidades tradicionales a dar respuesta innovando y ampliando la oferta de productos y soluciones para ciudadanos y empresas, por ejemplo, a través del open banking y del uso de interfaces de programación de aplicaciones (APIs).
Nos encontramos, por tanto, ante un ecosistema que ha crecido con rapidez, pero que ahora se enfrenta a nuevos retos como consolidarse, ganar escala y protegerse frente a los riesgos que emergen.
Además, tecnologías como la inteligencia artificial, los registros distribuidos y la tokenización abren una nueva fase de esa transformación.
Con una industria fintech que a nivel mundial centra ahora su atención en el crecimiento sostenible, la cooperación entre España y México resulta especialmente oportuna.
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