La experiencia ibérica de Mundaka
Una bonita costumbre que se ha ido perdiendo con el tiempo son las tapas españolas, ahora denominadas pan con cosas.
La latería que forma parte de una cultura desde los años cuarenta, que llegaron a México en la época de la guerra civil.
Tuve el gusto en su primer aniversario de probar una tapa verdadera: las anchoas siempre serán mis favoritas, los boquerones que iban perfectos.
Sí, estamos hablado de Mundaka.
Los mejillones pulpos en su aceite de oliva y demás moluscos, que llegaban mayormente de Galicia, España.
De niña iba al mercado de San Juan, ahí era el lugar correcto para adquirir todo tipo de salados en aceite, enlatados, hasta las omnipresentes sardinas.
Mi abuelo me mostró ese mundo y me encanta.
Aprendí que el tomate rallado (gracias al chef ), aceite de oliva y unas buenas anchoas hacen toda la diferencia y eso pasó en este sitio de oficios culinarios españoles.
La fabada asturiana, las gambas al ajillo y un pulpo a la gallega en un estilo más propio.
Siempre lo he disfrutado en una tabla de madera, con rodajas de papas con paprika o pimentón, aceite de oliva, sal de mar y ese pulpo en su punto.
La experiencia es de aplaudirse, es como cocinar tamales en Madrid, así mismo se valora mucho el cuidado minucioso de elegir ingredientes que resalten la espléndida cocina española.
Un sitio cómodo, fresco, muy bien atendido, que sin duda hubiera podido pasar la noche escuchando a Sabina, quizá leyendo a Federico García Lorca o Elia Barceló.
Los vinos Guidova dieron con su carnosidad y cuerpo explosiones al paladar bastantes majas.
El enólogo José Trillo Rivas y la sommelier Dany Peña estuvieron a cargo del maridaje.
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