Historia, escritura y soledad
Me enfrento al pasado de una población de Coahuila a la que no me había asomado y eso me ha obligado a consultar libros, artículos y documentos (mapas, planos, fotografías y óleos) para reconstruir esa historia.
He sentido el aguijón de lo que le leí a una gran escritora francesa (acepto que un poco chiflada), autora de un librito sobre lo que significa el oficio de las letras. ¿Escribir sobre el acto de escribir? Sí, claro.
Mujer extraordinaria, demasiado transparente como para esconderse detrás de su fama.
Regreso.
Esa comunidad –de la que espero tener un buen libro en dos meses, porque está avanzado– me condujo a un lugar, un sistema o un estado de alma del que se habla con ligereza.
Me estoy refiriendo a la soledad.
Los analistas del Archivo Municipal de Saltillo podrían dar fe de que pasé más de un mes (mis vacaciones) en una mesa leyendo manuscritos: yo solo, el documento, mi ficha y un lápiz; silencio y respeto.
Encontré algunos apasionantes y, en su mayor parte, aburridos o de temáticas banales, chismes saltillenses o de otros sitios de Coahuila.
Eso es lo que debe hacer quien se enfrenta a la creación coherente de una historia, es decir, un relato del pasado de un conjunto de personas, familias, grupos y de aquello que los rodeó en el tiempo.
Hablo de un periodo largo, colonial, pleno de hechos, problemas, gestas sangrientas, religiosidad, festejos y vidas normales, caseras y, quizás, tan aburridas como las nuestras.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).