Envejecimos antes de tiempo
Hay hechos que no suceden en un día: se acumulan en silencio durante años y, de pronto, una estadística los vuelve visibles .
Eso ocurrió hace un par de semanas, cuando el INEGI presentó los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, levantada casa por casa el otoño pasado, de la cual ya le hicimos un comentario general el pasado 23 de septiembre.
Uno de sus hallazgos fundamentales es que México ya tiene la estructura de edades que las proyecciones oficiales esperaban hasta 2030.
El futuro demográfico se adelantó cinco años.
Los números cuentan la historia.
En octubre de 2025 vivíamos en el país 130.9 millones de personas, pero el dato más relevante no es cuántos somos, sino qué edades tenemos.
La edad mediana pasó de 29 a 32 años en apenas un lustro .
Y las personas de 60 años o más ya suman 19.2 millones, 14.7 por ciento de la población , una proporción que el Programa Nacional de Población estimaba alcanzar hasta el final de esta década.
Vale la pena dimensionar la velocidad del cambio.
Hace una generación, México se describía a sí mismo como un país de jóvenes : en el año 2000, la mitad de la población tenía 22 años o menos.
Ese país ya no existe , y el que viene se parece cada vez más a las sociedades maduras que solíamos observar con distancia. ¿Por qué se adelantó el reloj? Por dos fuerzas que operaron al mismo tiempo.
La primera: los mexicanos estamos teniendo muchos menos hijos de los que cualquier proyección suponía.
La tasa de fecundidad cayó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, un nivel comparable al de Japón.
La segunda: en el último quinquenio emigraron casi 1.3 millones de personas, la mayoría jóvenes de entre 20 y 34 años.
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