Juan Sebastián Gatti*: Coda al Movimiento de Briseño
Conviene recordar, para empezar, que en el principio eran el canto y el cuento.
La poesía es canto, y el canto es movimiento, es decir, relato; es decir, cuento.
La secuencia de sonidos y silencios que están en la música y la danza empieza en los pies del que se mueve, los pies del caminante, paso-pausa-paso-pausa.
El ritmo primordial no nace en la garganta ni en las cuerdas de una lira: nace en la planta del pie que toca la tierra, en el talón que se levanta, en el dedo que se impulsa.
Todo canto es un viaje, y todo viaje es un latido que se repite.
El corazón mismo, ese tambor incansable, nos recuerda que estar vivos es movernos, que existir es desplazarnos de un instante a otro, de una respiración a la siguiente.
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