Al introducir el gen de un tardígrado japonés en células humanas, científicos dotaron nuestro ADN con una protección que la evolución nunca nos dio
Miden menos de un milímetro, habitan entre musgos húmedos y pueden soportar condiciones que aniquilarían a casi cualquier otra forma de vida en la Tierra.
Los tardígrados son célebres por sobrevivir al frío más severo, a la desecación total y a niveles brutales de radiación.
Sin embargo, un hallazgo científico llevó su resistencia a una escala insospechada: investigadores en Japón lograron transferir parte de esa armadura biológica directamente a células humanas .
El hito ocurrió cuando un equipo de la Universidad de Tokio logró secuenciar con gran detalle el genoma de Ramazzottius varieornatus , una de las especies más resistentes del grupo.
Allí descubrieron una proteína desconocida hasta entonces: Dsup , un acrónimo de Damage suppressor (supresor de daño).
Al introducir las instrucciones genéticas de esta molécula en células humanas en cultivo, descubrieron que nuestro propio ADN podía volverse significativamente más resistente frente a la radiación ionizante. {"videoId":"xam6t1a","autoplay":true,"title":"HONOR 600", "tag":"HONOR", "duration":"90"} Un blindaje contra rayos X probado en el laboratorio Para poner a prueba la proteína, los científicos japoneses modificaron genéticamente células humanas de la línea HEK293 para que sintetizaran Dsup.
Luego las bombardearon con rayos X a una dosis de 10 Gy, contrastando los resultados con cultivos convencionales.
La diferencia fue rotunda: en las células de control, alrededor del 33% del ADN resultó fragmentado , mientras que en aquellas protegidas por la proteína del tardígrado el daño fue de aproximadamente el 16%.
El escudo redujo el quiebre genético a la mitad.
Además, los investigadores confirmaron que estas células modificadas conservaban una mayor capacidad para multiplicarse tras el impacto de la radiación .
La capacidad de los tardígrados para esquivar la muerte no surgió para combatir reactores nucleares o rayos cósmicos.
Su origen data de millones de años atrás , cuando sus antepasados abandonaron el medio acuático para colonizar tierra firme.
En vez de dotarse de caparazones impermeables, optaron por una vía más radical: tolerar la pérdida casi absoluta de agua.
Cuando su entorno se vuelve inhóspito entran en un estado de letargo llamado tun .
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