T-MEC por dentro
El T-MEC suele analizarse desde fuera: aranceles, reglas de origen, controversias y declaraciones políticas.
Pero la negociación que realmente importa ocurre por dentro.
No se trata solamente de conservar un tratado comercial, sino de decidir qué lugar quiere ocupar México en la economía de América del Norte durante las próximas décadas.
Estados Unidos, México y Canadá construyeron durante más de treinta años una integración que ya no puede entenderse como la suma de tres economías.
Automóviles, alimentos, energía, dispositivos médicos, electrónica y manufactura cruzan fronteras varias veces antes de convertirse en productos terminados.
Competimos entre nosotros, pero cada vez competimos más juntos frente al mundo.
Por eso sería un error negociar pensando únicamente en defender lo que tenemos.
Una gran negociación no comienza preguntando qué podemos conservar, sino qué podemos construir.
La revisión ocurre en un cambio de época.
Estados Unidos redefine su política industrial.
La competencia con China ya es tecnológica, energética, logística y geopolítica.
Las empresas no preguntan solamente cuánto cuesta producir; preguntan dónde pueden hacerlo con seguridad y certidumbre.
Ahí está la oportunidad mexicana.
México posee algo extraordinariamente difícil de reproducir: geografía, capacidad industrial, experiencia exportadora, talento y décadas de integración con la economía más grande del mundo.
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