Mirador 11/09/2026
El viajero llega a Coatepec, en Veracruz, y cumple dos promesas que a sí mismo se hizo.
Busca primero un sitio acogedor –acogedor, para él, significa solitario y silencioso– y se toma un café.
El café que se da en Coatepec figura entre los mejores que en cualquier parte del planeta se pueden degustar.
Luego el viajero va a la casa donde vivió María Enriqueta .
Poeta de finos matices, mujer sensible y culta, escribió un libro que el viajero conoció cuando niño: “Rosas de la Infancia”.
La escritora fue esposa de Carlos Pereyra , historiador saltillense autor de numerosos libros en los cuales exaltó la obra de España en México y el mundo.
Cuando murió en Madrid ese hombre extraordinario, su viuda hizo embalsamar el cuerpo y lo llevó por barco y tren hasta Saltillo, donde reposa en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos.
El viajero ha cumplido sus dos peregrinaciones.
Cuando sale de Coatepec lo acompañan un recio aroma de café y un vago perfume de rosas de la infancia. ¡Hasta mañana!...
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