El Renacimiento Maya ya es una tesis de México
En 2023, el 52% del tonelaje que movieron los 150 principales puertos de Estados Unidos de América pasó por el Golfo de México, de acuerdo con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de ese país.
Houston encabeza la lista nacional; South Louisiana y Corpus Christi la escoltan.
Ese mismo mar baña seis estados mexicanos y los puertos de Altamira, Tampico, Veracruz, Coatzacoalcos, Dos Bocas y Progreso.
La mitad del comercio marítimo de la primera economía del mundo circula por un mar cuya orilla sur es mexicana.
Pocas geografías ofrecen a un país una ventaja tan clara y tan poco aprovechada.
El sur-sureste de México ha visto pasar planes de escala regional: el Plan Puebla-Panamá, el Proyecto Mesoamérica, las Zonas Económicas Especiales.
Todos partían de diagnósticos correctos y todos quedaron en el archivo.
Conviene entender por qué, porque la explicación vale más que el recuento.
Fueron programas: instrumentos de un gobierno, sostenidos por un presupuesto y por la voluntad de quien los firmaba.
Dependían de una sola fuente de energía, y cuando esa fuente se apagó, el programa se apagó con ella.
Una tesis es otra cosa.
Ortega y Gasset distinguía entre las ideas que uno tiene y las creencias en las que uno está, y con los proyectos de país ocurre algo semejante.
Un programa se ejecuta; una tesis se habita.
Se vuelve el supuesto desde el cual deciden actores que nunca estuvieron obligados por quien la formuló: el capital, las fuerzas armadas, las universidades, los socios comerciales, los gobiernos vecinos.
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