Campeones del mercado equivocado
México presume, con razón, ser el primer socio comercial de Estados Unidos.
Hay otro primer lugar del que se habla menos: el Índice Global de Crimen Organizado 2025, de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, coloca al país a la cabeza del mundo en mercados criminales, por encima de Myanmar, Colombia, Irán y Nigeria.
Conviene leer bien el dato.
El indicador no mide homicidios ni percepción de inseguridad.
Mide la amplitud y la profundidad de las economías ilícitas: drogas sintéticas, tráfico de armas y de personas, extorsión, contrabando de combustible, delitos financieros.
México no encabeza la lista por dominar un negocio, sino por su diversificación.
Los cárteles dejaron de ser organizaciones de narcotráfico y se convirtieron en conglomerados con varias líneas de producto, cadenas de suministro globales y capacidad de reinversión.
La compañía en la tabla es reveladora.
Myanmar vive una guerra civil, mientras Afganistán es un Estado colapsado.
México es una economía del G20, una democracia electoral y la bisagra manufacturera de Norteamérica.
Esa es la paradoja: la misma geografía, los mismos puertos y las mismas carreteras que sostienen la relocalización industrial sostienen también a la economía criminal.
El crimen organizado explota idéntica ventaja comparativa que la industria automotriz: la vecindad con el mayor mercado del planeta.
Las consecuencias son inmediatas.
Washington ya designó a varios cárteles como organizaciones terroristas y la seguridad dejó de ser un expediente separado del comercial.
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