La guerra de la inteligencia artificial: ¿dónde queda México?
Estados Unidos y China ya están librando la guerra económica que definirá buena parte del siglo XXI.
Pero no se combate principalmente con aranceles, acero o automóviles.
Su terreno decisivo son los semiconductores, los centros de datos, la energía, los algoritmos y la inteligencia artificial.
La IA ha dejado de ser simplemente una revolución tecnológica.
Se ha convertido en política industrial, política energética, política de seguridad nacional y política de poder.
Washington lo ha entendido.
Beijing también.
México todavía no parece haber dimensionado completamente lo que está ocurriendo.
La confrontación entre las dos grandes potencias está reorganizando las cadenas globales de producción.
Estados Unidos intenta limitar el acceso chino a los chips más avanzados, proteger su liderazgo tecnológico y construir una cadena de suministro menos dependiente de Asia.
China, por su parte, acelera la sustitución tecnológica, desarrolla semiconductores propios, amplía su infraestructura digital y utiliza la enorme escala de su mercado para construir campeones tecnológicos.
La paradoja es que mientras las dos grandes potencias están construyendo capacidades nacionales, México continúa discutiendo principalmente cómo atraer inversión extranjera.
Ese enfoque ya no es suficiente.
Durante más de tres décadas México construyó una formidable plataforma exportadora.
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