“Ser inteligente también es ser queer”: Alberto Fuguet
Tomás Mena y Clemente Fabres son dos de los muchos jóvenes que “combatieron a la represión con afectos y que resistieron a la resistencia” en la Chile dictatorial de los años ochenta.
En Ciertos chicos (Tusquets) el escritor y cineasta Alberto Fuguet le sube el volumen al undergroung de aquella década, una respuesta a los toques de queda y a “las fuerzas del mal que recorren las calles como cocodrilos arrastrándose por los pantanos humeantes en noches de luna llena”.
Tomás siente que su familia, sus vecinos y su país lo castran, que la dictadura ha proscrito los colores y la alegría, y que la moral que oculta y reprime no deja de asfixiarlo.
Se canta el himno, se marcha los lunes y se cumplen órdenes como deben hacerlo los hombres.
Entonces hay fanzines y fiestas nocturnas, hay baile y pop , marihuana, disquerías y amores clandestinos que, tal vez, salvarán el mundo y la vida.
Usted dice que siempre trabaja con material propio y tiene un alter ego, pero que también ha ido aprendiendo lo interesante que es inventar y mentir, hasta el punto en el que a veces uno puede ser mucho más personal mintiendo. ¿Cómo equilibra lo autobiográfico con ese punto donde empieza la mentira? Es como construir un edificio; los cimientos son tuyos, pero con el resto puedes empezar a jugar y poner otras cosas.
En Ciertos chicos , Clemente claramente soy yo, pero él vive cosas que yo no viví.
Tomás no soy yo, pero tiene muchísimas cosas mías.
Entonces mezclo todo eso, puedo inventar cosas que nunca he vivido, pero puedo empatizar con ellas.
Curiosamente Tomás ha tenido más éxito —o a la gente le gusta más—, quizás porque es más tierno, ingenuo, tal vez; el otro ya está más dañado.
El de Ciertos chicos es un mundo que yo conocí bien y, sin embargo, no lo conocí, porque yo no era así ni viví ese mundo.
Lo que quiero decir es que ese mundo existía en Chile , existía un under , toda esa música pop que yo escuchaba solo en mi casa, pero era un sueño que a mí me hubiera gustado vivir a esa edad.
Entonces, aquí me estoy vengando y ahora siento que fui mucho más feliz en los años ochenta.
Yo estuve con una actriz que era parte del movimiento, que se veía muy mayor, y me dice: ¿Tú conociste a uno de estos tipos que organizaba el mundo under ? Y yo: No, yo en esa época era cuarta fila; ustedes eran la primera o la segunda, pero yo ni siquiera tenía amigos para poder hablar.
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