Las reglas que México sigue rompiendo en cada crisis
El académico estadounidense Ian I.
Mitroff, quien fue uno de los padres de la disciplina moderna de la administración de crisis , decía que ninguna organización verdaderamente preparada es tomada por sorpresa, porque lo que llamamos “crisis” casi siempre fue primero una señal de alerta ignorada .
Lo escribió pensando en corporativos estadounidenses de los años ochenta, él falleció hace dos años, pero esta idea pudo haberse escrito la semana pasada pensada específicamente en México.
No hace falta buscar mucho.
En los últimos doce meses, México ha vivido crisis de comunicación en prácticamente todos los ámbitos y en temas que van de lo político, económico, social y cultural.
Y en casi todas esas instituciones o temas se repite el mismo patrón, no fue la crisis lo que les hizo el daño, fue la manera de comunicarla y el equipo que la controló.
Ahí conviene detenerse en algunas acciones elementales que la disciplina de la comunicación de crisis exige, y que en episodios recientes muestran qué ocurre cuando se cumplen o cuando se ignoran.
Mitroff clasificaba a las organizaciones en “proactivas” y “reactivas”, y advertía que la diferencia entre ambas raras veces es económica, son actitudes de voluntad .
En abril de 2026, la filtración masiva de información del sistema portuario Safe Smart Port de la Secretaría de Marina expuso datos biométricos, RFC y ubicación laboral de aproximadamente 640 mil trabajadores.
No fue un ataque inesperado a una institución improvisada; fue una falla en uno de los sistemas tecnológicos considerados estratégicos para la seguridad nacional.
La cobertura periodística del caso fue elocuente, ya que se trataba de una crisis que el propio Estado niega, minimiza o evita, en lugar de haberla anticipado.
La primera acción elemental no es responder bien; es no llegar a tener que hacerlo.
Michael Regester y Judy Larkin lo dejaron establecido hace más de veinte años en Risk Issues and Crisis Management, ellos explicaban que una organización no gestiona una crisis, gestiona la percepción de ésta, y sólo puede hacerlo con una voz coordinada.
La ola de violencia que golpeó a Jalisco a inicios de 2026 y que afectó zonas turísticas como Puerto Vallarta mostró el costo de no cumplir esa regla.
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