La historia de Doña Amparito, el alma en pena que aterrorizó a la afición cementera en el Estadio Azul
Con la cercanía de las festividades de Halloween y Día de Muertos, los relatos folclóricos y las mitologías urbanas vuelven a tomar fuerza en la capital mexicana.
Entre todos los mitos que envuelven a los recintos deportivos del país, existe uno en particular que ha perdurado durante décadas en la colonia Nochebuena: la leyenda de Doña Amparito , la misteriosa “mujer fantasma” que se convirtió en la presencia más temida del emblemático Estadio Azul .
Los pasillos oscuros, las vestimentas extraviadas en los vestidores y los túneles subterráneos que interconectan al coloso futbolístico con la Plaza de Toros México albergan testimonios de trabajadores, aficionado y futbolistas que aseguran haber presenciado manifestaciones sobrenaturales.
A través del tiempo, el relato de una anciana que vaga sin descanso por las entrañas de la construcción ha pasado de boca en boca, consolidándose como uno de los enigmas populares más fascinantes de la Ciudad de México.
La antigua ladrillera y el trágico destino en la Nochebuena Para comprender el origen del mito, es necesario remontarse a la época previa a la edificación de los complejos deportivos a mediados del siglo XX .
A mediados de los años cuarenta, el terreno que hoy ocupan el Estadio Azul y la Plaza de Toros México albergaba una vasta zona industrial dedicada a la extracción de arcilla y la fabricación de materiales de construcción , conocida popularmente como la gran ladrillera de la zona.
De acuerdo con las crónicas tradicionales y la memoria popular, en ese perímetro habitaba una humilde mujer llamada Amparo —a quien todos se referían con respeto como Doña Amparito— junto a su esposo Juan.
El hombre laboraba activamente en los extenuantes trabajos de la ladrillera hasta que un fatídico accidente en el área de trabajo le arrebató la vida de manera intempestiva.
Tras la pérdida de su compañero, Doña Amparito quedó completamente sola y desprotegida en la zona.
Cuando las autoridades y los empresarios inmobiliarios adquirieron los predios con la intención de edificar el magno proyecto deportivo, iniciaron las gestiones para desalojar a las familias y comercios de los terrenos.
Pese a las presiones de los propietarios para que abandonara la modesta propiedad que habitaba, la mujer se negó sistemáticamente a dejar el lugar donde guardaba los recuerdos de su difunto esposo.
Sin embargo, el desenlace de su historia dio un giro drástico.
Al momento en que las cuadrillas de desalojo acudieron al inmueble para concretar su retiro definitivo, Doña Amparito había desaparecido sin dejar rastro alguno .
En la vivienda únicamente quedaron abandonadas algunas pertenencias personales, entre las que destacaban vestidos antiguos, accesorios y variadas imágenes religiosas.
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