La infancia de los agresores: cómo influyen las experiencias de la niñez en quienes ejercen violencia
Luego de ver Pepita la Pistolera , la nueva película de Lucía Puenzo .
Me quedé pensando en la sucesión de vulneraciones que puede atravesar una vida hasta llevarla a situaciones extremas.
En cómo alguien que fue víctima puede convertirse también en victimario y volver a ser víctima, en un movimiento en el que la violencia se ejerce, retorna y vuelve a circular, a veces sin fin.
La película recorre solo un fragmento de su vida, así que me puse a investigar su infancia y con ello recordé algunas escenas clínicas.
Recordé a un paciente pequeño que vivía malos tratos , no de los típicos, es decir no le pegaban pero lo despreciaban, lo apartaban y le mostraban lo molesto que era.
Él llegaba al consultorio, a demanda de los padres que decían que no podía aprender, y se dedicaba a torturar a los peluches .
Ahorcaba a un mono con cintas y estiraba sus extremidades como Tupac Amaru, despanzurraba a los osos, les sacaba los ojos a las muñecas con un lápiz.
El dolor y la furia eran arrolladores.
Como los que transpira en todo el film Luciana Lopillato .
Margarita Di Tullio , Pepita, tuvo un padre, Antonio, que esperaba un hijo varón.
Según las reconstrucciones periodísticas de su vida, la obligaba a pelear por dinero , vestida como un varón, contra chicos mayores que ella.
A los siete años la mandaba a robar.
También la golpeaba.
Durante la adolescencia se fue de su casa después de una golpiza que la lastimó seriamente.
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