EDITORIAL: Flávio Bolsonaro debe aceptar el resultado de la elección
Poco después de conocerse el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil, que dio la victoria a Luiz Inácio Lula da Silva con 64,2 millones de votos, el senador Flávio Bolsonaro afirmó que era «imposible» reconocer la derrota y anunció que recurriría a la Justicia para solicitar la anulación de la segunda vuelta.
Una decisión tan grave exige una justificación contundente.
No la hay.
Flávio salió de las urnas más fortalecido de lo que muchos sectores de la derecha creían posible cuando su padre lo eligió como candidato a la Presidencia de la República.
Con 59,8 millones de votos, superó incluso los resultados obtenidos por Jair Bolsonaro en 2018 y 2022.
Perdió en su primera campaña presidencial, pero consiguió consolidarse como un candidato competitivo y movilizar a millones de personas en las calles.
Ahora es imperativo que no se rebaje a desempeñar el mismo papel que llevó a su padre a prisión, a uno de sus hermanos al autoexilio e inspiró a miles de personas a poner en riesgo el futuro de sus familias al participar en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023 contra la democracia y la Constitución.
Es más fácil mostrarse magnánimo en la victoria que en la derrota.
De un estadista, como el senador se presentó ante el país durante meses, la República exige la entereza necesaria para aceptar la derrota y dar ejemplo de que el interés público debe anteponerse al orgullo y a los cálculos partidistas.
Resulta llamativo que el principal argumento de su impugnación sea una decisión judicial que concedió más tiempo a los ciudadanos brasileños para ejercer su derecho al voto.
Más aún si se tiene en cuenta que su propia campaña había solicitado a la Justicia Electoral que se ampliara el horario de votación en cinco estados.
Con esa petición, reconocía que el plazo no era inamovible y que podía prorrogarse en circunstancias extraordinarias.
Si las fuertes lluvias en el Sudeste y el Sur dificultaron el acceso a las urnas de un número significativo de electores que el senador consideraba afines, lo mismo ocurrió con la falta de transporte público en Salvador, la capital de Bahía, donde Lula obtuvo su mayor ventaja en votos.
Con el agravante de que, en este último caso, no se trató de un fenómeno natural, sino de decisiones de actores políticos y empresariales cuyas motivaciones aún no están claras.
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