El peso en la mochila
Los deportes de montaña nos dejan una gran lección que muchas veces olvidamos en la vida: cada gramo cuenta.
No es lo mismo avanzar con una mochila preparada con lo necesario para el camino, que cargar con objetos que quizás fueron importantes en algún momento, pero que ya no tienen sentido en la ruta que elegimos recorrer.
Hace dos meses salí de mi casa con una planificación clara: una semana en Europa, una carrera, algunos días para disfrutar y luego regresar a casa con un sueño cumplido y la mejor experiencia de mi vida.
Pero el destino, como suele hacerlo en la montaña, tenía otros planes.
El terremoto en Venezuela retrasó los vuelos de regreso y lo que estaba previsto como una corta estadía terminó convirtiéndose en un mes lejos de casa.
Al principio sentí el peso de la incertidumbre.
Estaba lejos de mi rutina, de mis espacios conocidos y de las personas que forman parte de mi día a día.
Era como llevar una mochila que no había preparado: llena de preguntas, preocupaciones y la necesidad de adaptarme a un camino distinto al que había imaginado.
Pero los kilómetros también enseñan.
En la montaña uno aprende que no todo lo que cabe en la mochila debe quedarse allí.
Hay que revisar constantemente qué llevamos, qué nos ayuda a avanzar y qué simplemente aumenta el cansancio.
Con las emociones ocurre lo mismo.
Cargamos miedos, expectativas, culpas y preocupaciones que alguna vez tuvieron un propósito, pero que pueden convertirse en un peso innecesario cuando intentamos seguir avanzando.
Soltar no significa olvidar ni restarle importancia a lo vivido; significa elegir conscientemente qué queremos llevar con nosotros.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.