#OPINIÓN Cómo aprender desde el dolor y la rabia #23Ago
Cuando la Sociedad Civil organizada que participaba en el Frente Amplio Venezuela Libre de Lara, conjuntamente con los partidos políticos y con el liderazgo consensuado de Jorge Rosell, decidió replegarse de los escenarios operativos y pasar a colaborar como instancia asesora, el magistrado emérito y mi persona, asumimos la tarea de escribir un artículo semanal que sirviera de respaldo teórico a la función de apoyo conceptual que pasamos a cumplir desde el Movimiento DECODE . Hoy continuamos en la misma misión, él como guía y ejemplo permanente de dignidad ciudadana y verbo claro y honesto, y quien escribe intentando abrir surcos a las ideas liberales que le permitan al país pasar la página del estatismo clientelar.
Revisando archivos encontré un artículo redactado por ambos, de hace varios años, que expresa con nitidez la propuesta de cambio en la doctrina económica que debe mover las ruedas de nuestra recuperación productiva y laboral.
Los daños causados a Venezuela por el régimen comunista de Maduro son tan profundos que prácticamente han reducido a la República a cenizas. Casi todo lo que estructuraba nuestra sociedad fue incinerado en el fuego ideológico que consumió la mayoría de logros civilizatorios que habíamos alcanzado en el siglo 20.
La destrucción es de tal magnitud que es difícil encontrar parámetros para dimensionar la catástrofe que nos mudo de ser un país esperanza a una colonia de gente hambrienta, expoliada inmisericordemente por invasores que desestiman la dignidad humana de un pueblo inocente para saquear sus riquezas naturales, en un mercado negro donde compiten los países y grupos con las intenciones más siniestras del planeta.
Ya la palabra crisis se queda corta para explicar la devastación que sufrimos y por ello se habla de daño antropológico, para significar la profundidad de las alteraciones sociales, familiares e individuales que nos han convertido en conjunto humano únicamente atado por los impulsos primarios de la subsistencia.
Pero no obstante esta radiografía hecha sobre nuestra cotidianidad, en la cual se expresan líneas gruesas del comportamiento colectivo , también se observa en la conducta moral del pueblo venezolano un substrato de apego a la legalidad y sentimientos de piedad y solidaridad, entroncados en la matriz de valores cristianos que estructuran nuestra idiosincrasia como pueblo.
Es así que como en las zonas ocultas de nuestra alma colectiva también se libra una batalla entre los instintos primarios por la supervivencia y los impulsos espirituales que pugnan por hacernos solidarios y compasivos. Entonces para ganar la pelea contra la dictadura, primero tenemos que ganar esa batalla íntima donde se enfrentan el amor y la rabia.
Para triunfar en los escenarios actuales tenemos que ubicar el origen de los males que configuran nuestro presente y así podemos descubrir con dolor que todo este desmadre comunista tiene vinculación con las falsas ilusiones que durante el periodo democrático alimentaron un populismo que se montó sobre la idea que éramos un país inmensamente rico y que la tarea política era repartir esta riqueza entre los pobres.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elimpulso.com — el contenido pertenece a El Impulso.