El viejo 5%*, por Omar González Moreno
El chavismo comenzó a devorarse a sí mismo.
Las ratas abandonan el barco, pero antes se muerden entre ellas.
Mario Silva escupe sapos y culebras en cuanto pódcast o transmisión encuentra.
No es rebeldía ni rectificación ideológica, es despecho.
Lo dejaron fuera del reparto del Rodrigato y ahora patalea porque después de tantos años defendiendo lo indefendible terminó convertido en un convidado de piedra.
Elías Jaua, mientras tanto, intenta resucitar un cadáver.
Se reúne con los fósiles ideológicos de la vieja izquierda, nostálgicos de la Unión Soviética y viudos políticos de Fidel Castro, como si desempolvando los mismos dogmas responsables del desastre pudieran convencer a una Venezuela que ya pagó demasiado caro ese experimento.
Y Juan Barreto juega su propia partida.
Se disfraza de izquierda crítica, coquetea con sectores opositores y busca caballos de Troya que le permitan colarse en la Venezuela que viene.
A ellos se agrega Iris Varela y otros sobrevivientes del naufragio.
Es la rebelión en la granja socialista.
Se insultan.
Se culpan.
Se traicionan.
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