El yuan toca a la puerta
El Banco Popular de China acaba de designar a Deutsche Bank como primer banco europeo de compensación del renminbi.
Desde Fráncfort, el banco alemán podrá procesar, compensar y liquidar directamente operaciones en la moneda china.
Tal decisión tiene una lectura geopolítica de primer orden.
Pekín está construyendo, pieza por pieza, una infraestructura financiera para que el yuan deje de ser fundamentalmente una moneda china y se convierta en una moneda internacional. ¿Puede el peso comercial y financiero de China terminar imponiéndolo? En buena medida, ya está ocurriendo.
Cuanto más comercia un país con China, más conveniente resulta facturar y pagar en yuanes, especialmente si además recibe inversiones, préstamos o proyectos chinos.
En 2024, más de 27% de las exportaciones chinas de bienes y alrededor de 32% de sus servicios ya se liquidaron en renminbi.
Pero el salto planetario todavía está lejos: en 2025 el yuan representaba menos del 3% del comercio mundial liquidado y apenas 1,99% de las reservas internacionales.
Hay, además, una ventaja que puede resultar muy atractiva: endeudarse en yuanes es relativamente barato.
Las bajas tasas de interés chinas han impulsado el crédito y la emisión de deuda denominada en renminbi.
Para un prestatario internacional, pedir prestado en una moneda barata puede ser interesante, sobre todo si tiene ingresos o compromisos comerciales vinculados a China.
Para los bancos centrales y grandes inversores, mantener una parte de sus activos en yuanes ofrece también diversificación y reduce la dependencia de una sola moneda.
Pero utilizar yuanes no es lo mismo que guardar yuanes como reserva.
Una empresa puede cobrar una factura en renminbi y convertirlo inmediatamente a otra moneda.
Una verdadera moneda de reserva es aquella que un banco central está dispuesto a conservar durante años porque confía en que podrá utilizarla cuando quiera, en mercados profundos y líquidos y con activos seguros donde invertirla.
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