Siete días después, lo que sabemos de la catástrofe de Nepal y lo que todavía no
Vista de la situación que se vive este miércoles en Devighat (Nepal), uno de los pueblos afectados por la avalancha de agua y rocas.
Al menos 1.225 personas han muerto y 4.757 siguen desaparecidas en Nepal y China al cumplirse una semana de la devastadora riada que arrasó la frontera entre ambos países, según los últimos balances oficiales actualizados este miércoles.
En el lado nepalí, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA) elevó a las 18.00 hora local (12.15 GMT) la cifra a 1.204 fallecidos, mientras que el número de desaparecidos disminuyó a 4.216, entre ellos al menos 583 extranjeros, incluidos dos españoles, según confirmaron ayer a EFE fuentes oficiales.
Otros tres españoles que no estaban en la zona de desastre fueron contactados con éxito.
EFE/Lucía Goñi Una semana después de las riadas que han dejado más de 1.200 muertos en Nepal, una veintena en China y más de 5.000 desaparecidos, la catástrofe sigue planteando preguntas básicas sobre lo ocurrido y sobre quienes todavía faltan.
Durante los primeros días, una de ellas era cómo habían conseguido sobrevivir quienes salían de las zonas arrasadas.
Ahora se suman otras como dónde están los desaparecidos, por qué tantos cuerpos siguen sin recuperarse, cómo se identifica a los muertos y qué ocurrió con una alerta que en algunos lugares dejó apenas minutos para escapar.
Estas son algunas de las claves de una catástrofe cuyo balance continúa cambiando siete días después. ¿Qué ocurrió? Un enorme desprendimiento de hielo y roca en la cuenca alta del Bhote Koshi, cerca de la frontera con China, desencadenó en la mañana del 26 de agosto una riada que arrastró viviendas, vehículos y puentes, golpeó instalaciones hidroeléctricas y descendió por el sistema fluvial hacia otras poblaciones.
La velocidad del fenómeno quedó registrada en los propios instrumentos.
A las 8.37 los equipos sísmicos detectaron una señal equivalente inicialmente a un terremoto de magnitud 4,4, aunque su frecuencia no correspondía a un sismo, y trece minutos después la riada arrancó el medidor hidrológico de Syabrubesi, cuya última lectura había sido de apenas 1,62 metros, muy por debajo de los niveles de alerta. ¿Por qué unos sobrevivieron y otros no? En los primeros días, EFE preguntó a supervivientes cómo habían conseguido salir y muchas de las respuestas coincidían: abandonar lo que estaban haciendo, alejarse del río y correr hacia zonas elevadas.
Libes Raj Shakya supo que se acercaba la crecida porque un amigo que había recibido una llamada recorrió el mercado gritando para que los demás huyeran.
“Gracias a él supimos lo que estaba pasando, pero solo tuvimos tres minutos para escapar”, contó a EFE.
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