Ramón Escovar León: Acuerdo petrolero, legitimidad y elecciones
Rómulo Betancourt comprendió muy pronto que la política y el petróleo son inseparables.
No por casualidad tituló Venezuela, política y petróleo el libro que publicó en el exilio en 1956 y en el que examinó parte de nuestra historia contemporánea a través de la relación entre el Estado, las compañías petroleras y la riqueza del subsuelo.
Años después, ya como presidente constitucional, Betancourt contó con el firme respaldo de John F.
Kennedy.
Era un momento difícil para la democracia venezolana y el apoyo de Estados Unidos tenía un peso considerable.
Pero Kennedy no sustituía a Betancourt ni le imponía decisiones sobre Venezuela.
Encontró un presidente elegido por los venezolanos, con la autoridad que le daban su legitimidad democrática, su probidad, su prestigio intelectual y el apoyo político de Acción Democrática y del Pacto de Puntofijo .
Había, además, instituciones, partidos organizados, un Congreso donde se debatía, un poder militar que lo respetaba y una sociedad que participaba en los asuntos públicos.
El apoyo exterior podía fortalecer a un gobierno legítimo; no ocupaba su lugar.
Más de sesenta años después, petróleo y política vuelven a encontrarse.
El presidente Donald Trump anunció un acuerdo de gran calado y la presidenta interina Delcy Rodríguez lo confirmó y ofreció el sábado 29 de agosto nuevos detalles.
Según su declaración, el proyecto binacional tendrá una duración de veinticinco años, desarrollará diecisiete campos estratégicos y aspira a alcanzar una producción superior a 1,5 millones de barriles diarios.
Ocho de los proyectos anunciados serán bloques nuevos en la Faja Petrolífera del Orinoco, con regalías mínimas del 16 % y un impuesto sobre la renta del 34 %.
Rodríguez afirma que los ingresos permitirán mejorar los servicios públicos, la salud, la educación y la infraestructura.
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