Orlando Viera-Blanco: Una conversación entre mantuanos y pardos [I]
Boves Orlando, constituye una versión venezolana de esa acumulación afectiva o despreciativa, insumisa.
Entonces papá no dice que “Boves fue bueno o malo” Dice algo más incómodo: “Boves fue y es posible.” Y esa diferencia es enorme porque hasta qué punto, ¿aún sigue ahí ?” Ensayo de interpretación histórica y literaria.
Las conversaciones y pasajes dialogados que siguen son deliberadamente fabulados: no son transcripciones ni pretenden atribuir palabras reales a Francisco Herrera Luque, Mariana Herrera ni a los personajes históricos.
Son producto de una imaginación nutrida de admiración, respeto y eterno agradecimiento, por ellos… Hay una pregunta que vuelve una y otra vez cuando uno lee a Francisco Herrera Luque: ¿qué nos ha hecho ser venezolanos como somos? Fue gracias a él, a sus libros—que papá puso en mis manos— , al profundo cariño y respeto que le tengo a toda su familia, como por años sembré la misma inquietud que llevó a Herrera Luque, dedicarle la mayor parte de su vida a entender, resolver y redimir nuestro linaje.
“ Viví en dos mundos.
El de la oligarquía en el cual nací y desdeñaba de su pueblo, y en el de la negra Nicasa Chirinos [tataranieta del Sambo Chirinos, quien se levantó por la libertad de los esclavos], quién me enseñó mas psiquiatría que Juan José López Igor [su gran maestro Valenciano/España] y derramó más cariño sobre mi que mi propia madre […] Así aprendí a querer a mi pueblo, una nación maravillosa cuyo mestizaje es su magia, su esplendor, la poesía de su movimiento ”. [Herrera Luque entrevista con Joaquin Soler Serrano -1990].
Hoy quiero rendir tributo a Mariana, quien tempranamente se nos ha ido a acompañar a su padre y a sus hermanos.
Qué mejor manera de hacerlo que conversar con ambos, como lo hacía con ella, ilustrandome como pensaba su padre en sus ‘ Lunas de Fausto’ y con quien siempre anhelé hablar calmadamente.
Hablemos de sus personajes ‘imaginarios’ pero reales.
No me refiero a una supuesta psicología nacional.
Tampoco a una naturaleza inmutable.
Los pueblos no nacen con un carácter político inscrito en la sangre.
Se forman.
Se deforman.
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