El árbol del mundo
Cuenta la tradición pemón que el Roraima no es una montaña.
Es un tocón.
El muñón de un árbol colosal que en el principio del mundo daba todas las frutas y todos los alimentos que existen: el edén amazónico.
Ese árbol era el pilar central de la creación.
Y fue talado por Makunaima, el héroe triste de la mitología pemón.
Cuando cayó, sus ramas se convirtieron en los otros tepuyes de la región, esas mesetas planas que se elevan entre la espesa selva como columnas cortadas de una arquitectura pasada.
La geología moderna confirma que los tepuyes no se elevaron de forma tectónica, sino que son los restos supervivientes de una antiquísima y única meseta continental erosionada durante millones de años.
El término Pemón para tepuy (tupú) significa “roca que brota desde abajo”, describiendo perfectamente el proceso visual de la erosión.
Mucho tiempo antes de que los exploradores europeos lograran coronar la cima del Roraima (2.810 metros de altura y paredes verticales), los relatos Pemón ya describían con exactitud milimétrica sus características propias: las formaciones rocosas esculpidas, las charcas de agua negra y la existencia de fauna y flora endémicas.
La arrogancia e incredulidad occidental censuraron los hallazgos y silenciaron anomalías: Exploradores históricos como Robert Schomburgk (1839), Everard In Thurn (1884) y Percy Fawcett (1906) recopilaron testimonios sobre la cima que incluían cuevas, pinturas e incluso ruinas de una supuesta ciudad ancestral de piedra blanca.
Aunque In Thurn y expediciones posteriores avistaron e incluso fotografiaron bloques de piedra con simetrías inusuales y alineaciones geométricas extrañas en el sector suroeste, la comunidad académica siempre prefirió atribuirlos a la erosión eólica, obstaculizando la investigación arqueológica bajo el amparo de la protección ambiental.
Estudios de reloj molecular demuestran que diversas especies vegetales y animales separadas por abismos imposibles entre distintos tepuyes poseen una proximidad genética que sugiere un aislamiento mucho más reciente del que dicta la geología tradicional.
Los Pemón siempre supieron esto.
La tradición oral Pemón ofrece una hipótesis unificada y coherente que integra la lingüística, la biología y la geología, probando un conocimiento empírico e histórico que sistemáticamente ha soslayado la academia.
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