Juan Guerrero: ¡Político, el país no es tuyo!
La intervención de los Estados Unidos de Norteamérica en territorio venezolano para extraer a Maduro y llevárselo para una cárcel en Nueva York, no solo significó la caída de un tirano.
Con su arresto comenzó el desmantelamiento de toda una estructura de delincuentes y terroristas, tanto del hampa común como de un sistema político y de políticos enquistados en las estructuras de las instituciones del Estado, que se encargaron de su desmembramiento.
La responsabilidad histórica no es solo para los políticos que usufructuaron del erario nacional durante 27 años alrededor del Estado.
Es que el enriquecimiento de los políticos ha sido una práctica sistemática que tiene al menos un siglo.
Tal irresponsabilidad y práctica, tanto del robo directo como de la inacción gerencial y escasez de materia gris para la gobernanza efectiva y eficiente, llevaron a la degradación política que se muestra en un Estado fallido, sin legalidad ni mucho menos legitimidad de origen.
La dinámica de la vida en Venezuela continúa su cotidiana existencia, sin un estallido social, simplemente “porque Dios es bueno”, como dirían nuestras abuelas.
La realidad está demostrando que lo único que importa a “los políticos” venezolanos son las elecciones, sean para elegir a un concejal, alcalde, diputado, gobernador o presidente.
No se notan mayores alharacas en sus arengas demagógicas y populistas salvo los reclamos para recomponer el maltrecho Consejo Nacional Electoral y fijar la fecha de elecciones, lo antes posible.
Ni terremotos ni la Emergencia Humanitaria Compleja ni los diez millones de venezolanos migrantes y desamparada de la diáspora. ¡Nada!, nada es más importante para un político venezolano sino sus benditas elecciones.
Y yo rezo y elevo plegarias a los dioses para que se alarguen las reuniones y los acuerdos se anuncien para fin de año, y que muchos meses después llamen a elecciones, ¡pero de condominio! Porque una de las características de estos malcriados políticos de pacotilla es su trillada y banal inmediatez: una muestra más de su infantilismo político que les impide estar a la altura de la complejidad histórica del momento.
La visión política de estos aprendices de brujo sigue anclada en las estrategias de la social democracia de Betancourt y de la democracia cristiana de Caldera, que a fin de cuentas es el disfraz del social comunismo decimonónico: El Estado totémico e insustituible.
A la fecha, e irresponsablemente, la fijación del político venezolano es ocupar puestos de poder en las instituciones de un Estado que, en la práctica dejó de funcionar hace varios años y quedó al desnudo con la ocupación del territorio por parte de las fuerzas armadas norteamericanas y países aliados.
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