La cultura como base
Diálogo y carta habemus.
Culminó la primera sesión del concilio formado por la Asamblea 2015 y el gobierno interino para, según rezan los tres objetivos acordados: darle la debida atención a los efectos y a los damnificados del doble terremoto, fortalecer la democracia y restituir (la palabra restituir no está en el texto del acuerdo original, pero se supone que por ahí van los tiros) las garantías y derechos políticos.
En pocas palabras, reconstruir, en el caso de la tragedia sísmica, y reinstitucionalizar para todo lo demás.
La palabra reinstitucionalización ha sido utilizada con mucha frecuencia por la diputada Dinorah Figuera, quien dirige la delegación opositora, en el sentido de derogar leyes que coarten las libertades públicas, restablecer los mecanismos transparentes y participativos para el nombramiento de las autoridades judiciales y electorales, más un largo etcétera que en esencia significa regresar a Venezuela a su condición prechavista de republica en democracia.
Yendo hacia otro territorio, un montón de gente -escribidores, líderes de opinión, dirigentes políticos y sociales, entre muchos otros- ha expresado en repetidas oportunidades que la reconstrucción del país no estará completa sin hacer un necesario y continuo esfuerzo en educación.
Se considera que este sector ha sido uno de los más golpeados por la furia revolucionaria, y por lo mismo -sumado a su importancia y trascendencia- debe ser receptor de suficientes recursos, instalaciones y gente para recuperarlo.
Muchos consideran que no puede haber regreso a la vida civil sin que se reconstruyan escuelas, liceos y universidades, se le asignen sueldos decentes a maestros y profesores, se revisen los pensa de estudios y, en fin, se rescate -desde el hoyo en que se encuentra- la labor de enseñar y aprender.
Combinando los dos párrafos anteriores, esto es, reinstitucionalizar con educar, y haciendo un poco de gimnasia mental, puede concluirse que uno no es posible sin el otro; es decir, no puede haber instituciones que funcionen y cumplan con sus objetivos si no hay gente educada que las gestione y haga cumplir normas, procedimientos y todo lo que se integra alrededor y dentro de una institución, sea esta una ley, un organismo como el CNE, un poder como el TSJ o un cuerpo de seguridad.
Y es que no importa lo bien definida, acotada y civilizada que se presente una institución, en el diseño y en el papel; si quienes la manejan y toman las decisiones son una mafia, la institución terminará siendo mafiosa.
No importa lo que digan las normas escritas y los protocolos, la mafia siempre encontrará la forma de arrimar la brasa para su sardina: hará trampa y escribirá los resultados de la elección en una servilleta o encarcelará al inocente con el viejo truco de porquemedalagana.
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