La seguridad también se construye al otro lado de la frontera
El éxito de un gobierno de Abelardo de la Espriella en materia de seguridad dependerá, en buena medida, de su capacidad para construir una estrecha cooperación con una Venezuela democrática.
Pretender derrotar a la guerrilla, al narcotráfico y a las organizaciones criminales actuando exclusivamente en territorio colombiano será insuficiente mientras esos grupos puedan encontrar al otro lado de la frontera refugio, rutas logísticas, fuentes de financiamiento o espacios desde los cuales reorganizarse.
Una Venezuela democrática no sería simplemente un vecino más confiable para Colombia.
Podría convertirse en un socio estratégico de su política de seguridad.
Inteligencia compartida, vigilancia coordinada de la frontera, cooperación militar y policial y acciones conjuntas contra los corredores del narcotráfico podrían modificar profundamente una realidad que durante décadas ambos países han enfrentado por separado.
Pero la cooperación tendría que ser recíproca.
Venezuela también necesita a Colombia para recuperar el control efectivo de extensas zonas fronterizas en las que operan grupos armados, narcotraficantes y economías ilegales.
La seguridad de Colombia depende, en buena parte, de Venezuela.
Y la de Venezuela depende, en buena parte, de Colombia.
Allí puede estar una oportunidad histórica: dejar de considerar la frontera como el lugar donde termina la responsabilidad de cada Estado y comenzar a entenderla como un espacio de seguridad compartida, naturalmente dentro del respeto a la soberanía de ambos países.
La guerrilla y el narcotráfico no reconocen la frontera.
Colombia y Venezuela tampoco pueden combatirlos como si la frontera los separara.
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