Adultos deben estar atentos a cambios en comportamiento de niños
La salud mental y el bienestar emocional de los menores de edad juegan un papel fundamental para preservar la vida de los infantes.
El 10 de septiembre se conmemorará el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, fecha establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sin embargo, un tema importante a tomar en cuenta es la conducta suicida en edades tempranas: cómo los padres pueden tomar acciones a tiempo y cómo educar a los infantes para proteger su estabilidad emocional.
Factores de riesgo La psicóloga Nancy Marchán detalla a PRIMICIA las causas más comunes que atentan contra la salud mental.
Entre ellas destacan el consumo de sustancias a temprana edad y los traumas de violencia o abuso.
“Entre los factores de riesgo pueden encontrarse problemas de salud mental, intentos de suicidio o conductas autolesivas previas, consumo problemático de sustancias, experiencias de violencia o abuso, pérdidas significativas, aislamiento social, conflictos familiares o interpersonales, situaciones de acoso, dificultades económicas o sociales y, especialmente, sentimientos intensos de desesperanza, soledad o percepción de no encontrar una salida ante el sufrimiento”, expresa la psicóloga.
Para evitar una tragedia, es de suma importancia el apoyo por parte de los padres o maestros, ya que estos deben estar atentos a cualquier cambio drástico en el comportamiento del niño.
Señales en la conducta Marchán señala que el infante, en muchas ocasiones, no solo expresa “estoy triste”, sino que también existen otras conductas que indican que su tranquilidad y bienestar están siendo afectados.
“Más que identificar si un niño tiene depresión, padres y maestros deben estar atentos a cambios importantes o persistentes en su comportamiento y en su manera habitual de relacionarse con los demás”, añade.
Entre los malestares más comunes, según la psicóloga, se encuentran: “retraimiento, aislamiento, irritabilidad, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, cambios importantes en el sueño o el apetito, disminución del rendimiento escolar, dificultad para concentrarse, mayor sensibilidad emocional o expresiones de desesperanza”.
Acción por parte de los padres Las respuestas por parte de los familiares cercanos de un niño con depresión deben partir de la calma y la tranquilidad.
De acuerdo con la especialista, es crucial escucharlo sin regañarlo o restarle importancia a lo que trata de expresar.
“Podemos preguntarle directamente qué quiso decir, cómo se siente y si ha pensado en hacerse daño.
Hablar del tema de manera abierta no provoca una conducta suicida.
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