Casi dos meses después de los sismos, La Guaira se debate entre precariedad y resistencia
Fotografía del 17 de agosto del 2026 donde se observa una máquina de recolección de escombros trabajando en una zona afectada por los terremotos de junio, en Catia La Mar (Venezuela).
Entre las ruinas de edificaciones y el paso de la maquinaria que remueve los escombros, casi dos meses después de los potentes terremotos del 24 de junio, en el estado venezolano de La Guaira la rutina se ha abierto paso entre centenares de carpas en las que imperan la precariedad y la resistencia.
EFE/ Miguel Gutiérrez Entre las ruinas de edificaciones y el paso de la maquinaria que remueve los escombros, casi dos meses después de los potentes terremotos del 24 de junio, en el estado venezolano de La Guaira la rutina se ha abierto paso entre centenares de carpas en las que imperan la precariedad y la resistencia.
En menos de 60 días, no solo ha cambiado el paisaje; la realidad se escribe para muchos en albergues y refugios improvisados, mientras crecen los llamados a prepararse para El Niño, un fenómeno climático que amenaza con no dar una tregua a quienes perdieron todo después de que la tierra se sacudiera dos veces causando hasta ahora casi 6.500 muertos.
Fotografia del 17 de agosto del 2026 donde se observan materiales de construcción para reparar edificaciones, en Catia La Mar (Venezuela).
Entre las ruinas de edificaciones y el paso de la maquinaria que remueve los escombros, casi dos meses después de los potentes terremotos del 24 de junio, en el estado venezolano de La Guaira la rutina se ha abierto paso entre centenares de carpas en las que imperan la precariedad y la resistencia.
EFE/ Miguel Gutiérrez Nuevo ecosistema A punta de donaciones privadas, de la comunidad internacional y algunos apoyos estatales, los habitantes de los distintos campamentos en la localidad de Catia La Mar han levantado un ecosistema con comedores comunitarios, duchas improvisadas, tanques para recolectar el agua proveída por cisternas e incluso emprendimientos.
El llamado ingenio criollo ha permitido ‘pequeños lujos’, como la instalación de equipos de aire acondicionado o ventiladores que algunas personas han podido rescatar de sus pertenencias para instalarlas en las tiendas de campaña.
Esas estructuras donadas por China se han convertido en hogar de los afectados por el doble terremoto, pero también en escuelas, lugar de trabajo y centro de reunión.
Y aunque están en lo que parece un lugar seguro para ellos tras el terremoto, no lo es tanto en medio del intenso calor o la lluvia.
Así quedó en evidencia el pasado sábado, cuando un aguacero que cayó sobre Caracas y La Guaira los puso en emergencia.
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