Escribían más que música
Cuando pensamos en Beethoven, es fácil imaginarlo como nos lo ha entregado la historia: despeinado, malhumorado, genial, escribiendo música mientras avanzaba aquella sordera que terminó aislándolo de buena parte del mundo.
Pensamos en la Quinta Sinfonía, en la Novena, en la Sonata “Claro de luna” .
Cuesta un poco más imaginar al mismo hombre sentado frente a una mesa escribiendo una carta para reclamar un pago.
Pero también tenía que hacerlo.
Hace poco me puse a revisar algunos archivos de la British Library ( https://www.bl.uk/ ) y me encontré con algo que terminó interesándome casi tanto como las partituras: cartas.
Cartas de Haydn, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Liszt, Wagner y muchos otros músicos.
Algunas dirigidas a amigos, otras a editores, empresarios o colegas.
La British Library conserva, por ejemplo, un volumen de correspondencia de compositores de los siglos XVIII y XIX donde aparecen juntos Haydn, Beethoven, Schubert, Paganini, Mendelssohn, Schumann, Liszt y Wagner.
Y pensé que allí había otra historia de la música.
Porque nosotros conocemos las obras terminadas.
Sabemos cuándo se estrenó una sinfonía, quién compuso determinada ópera o en qué año apareció una sonata.
Pero detrás de todo eso había una vida cotidiana que las partituras no necesariamente nos cuentan: alquileres que pagar, clientes que no pagaban, editores que rechazaban obras, compromisos, enfermedades, viajes, favores, peleas, acreedores, agradecimientos, rabias, lo que implicaba mucha falta de dinero.
Mucho dinero.
Incluso esas pequeñas miserias que todos tenemos y que las biografías demasiado formales y edulcoradas muchas veces prefieren dejar afuera.
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