Lo provisional no puede hacerse permanente
Los acuerdos provisionales, aunque hayan sido necesarios, no pueden convertirse en un obstáculo para restablecer la legitimidad democrática.
Para superar la enorme crisis venezolana era indispensable comenzar por desmontar el aparataje construido por el régimen durante los últimos veinticinco años.
Después de la extracción de Nicolás Maduro, Estados Unidos optó por utilizar a Delcy Rodríguez como instrumento para iniciar ese proceso y, paralelamente, fue necesario adoptar medidas provisionales que permitieran mantener en funcionamiento al Estado.
En esas circunstancias se han alcanzado acuerdos que, aun cuando puedan apartarse del orden constitucional, han pretendido resolver situaciones puntuales y urgentes.
La excepcionalidad puede explicar esas decisiones.
Lo que no puede hacer es legitimarlas indefinidamente.
El peligro comienza cuando lo provisional pretende convertirse en permanente y se pierde de vista lo fundamental: Venezuela no solo debe, sino que tiene que recuperar su legitimidad democrática.
No se trata únicamente de una exigencia de los venezolanos.
Un Estado sin instituciones legítimas difícilmente puede ofrecer seguridad jurídica, asumir compromisos duraderos o generar la confianza necesaria para su reconstrucción.
Y hay una dimensión adicional.
La restauración democrática venezolana también es necesaria para la estabilidad de la región.
Prolongar indefinidamente una solución excepcional puede terminar generando nuevas tensiones y convirtiéndose en un problema para la propia seguridad hemisférica.
Lo provisional puede servir para atravesar una emergencia.
Nunca para sustituir la legitimidad.
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