El cambio de doctrina sanitaria: orden institucional frente a la volatilidad petrolera, por Abraham Sequeda
Para demostrar que es necesario y posible, ahora se presentará a través de una metodología de planificación de ciudades inteligentes, lo que aplica perfectamente para un sistema inteligente.
La tarea es un diseño de sistema de salud que se deshaga de las deficiencias, fallas y debilidades de una doctrina en salud presupuestariamente dependiente del petróleo, intencionalmente mal concebido a nivel constitucional y sometida a procesos de corrupción de toda naturaleza y a todos los niveles, haciendo visible dos características: la quiebra institucional y el extravío de recursos.
Antes de continuar, el lector debe parar y reflexionar si verdaderamente desea un sistema de salud diferente, eficiente, beneficioso y confiable con cobertura universal o de lo contrario, está satisfecho con el actual.
La realidad hoy o diagnóstico breve, es que se sufre de un control político por encima de la salud, sin una Ley Orgánica de Salud acorde y universal.
Se trabaja a expensas de una Ley Orgánica del Sistema Público Nacional de Salud nunca aprobada y una vigente despojada de validez, donde la gestión se sustituyó por la improvisación, misiones paralelas y una opacidad presupuestaria absoluta.
La infraestructura en ruinas con centros de salud sin servicios básicos, una desinversión crónica (con presupuestos reales por debajo del 2% al 3% del PIB) y un sector privado que termina asumiendo (de bolsillo) la atención que el Estado abandonó.
Por su parte, el lado farmacéutico, con ausencia de una verdadera política nacional de medicamentos, dependencia de importaciones, sometidos a presiones para comercializar, cuestionando los controles de calidad rigurosos y el agregado de redes de asignación vulnerables a la corrupción, y distribución sin orden ni fundamento administrativo, técnico o científico de carácter sistémico.
Además, la destrucción del talento humano.
Los médicos, farmacéuticos, enfermeros y profesionales de la salud están sosteniendo los hospitales por puro compromiso ético, mientras sobreviven con salarios simbólicos.
Un inmenso problema, aunque el más visible, es la falta de suministros, accesibilidad y asequibilidad a los servicios de salud.
Una estructura sanitaria crónicamente insostenible, cuyos indicadores en sus “mejores momentos” estuvieron relacionados con ingresos inmensos por la renta petrolera y ya.
Pero, ¿qué es lo deseado? Estar alineado con los estándares internacionales de la OMS/OPS y la buena práctica de gestión pública.
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