Crónicas del descubrimiento, por Douglas Zabala
Nueva Cádiz La primera población que los españoles establecieron en territorio venezolano fue la ciudad de Nueva Cádiz, en la isla de las perlas, Cubagua, la cual se consolidó, realmente, a partir de 1523, una vez que Jácome de Castellón pudo ubicar una fortaleza en Cumaná, en la boca del río Manzanares, y así asegurar parte del abastecimiento de la ciudad.
Esta pequeña Isla fue utilizada para la explotación inhumana de nuestros indígenas en el negocio perlífero.
Bartolomé de la Casas en su oportunidad denunció aquellas tropelías: «Es, pues, la vida de los indios que se traen para pescar perlas, no vida, sino muerte infernal, y es ésta: llevándolos en las, que son sus barquillos, y va con ellos un verdugo español que los manda. «Llegados en la mar alta, tres y cuatro estados de hondo, mandan que se echen al agua; zambullénse y van hasta el suelo y allí cogen las ostras que tienen las perlas.
Algunas veces se zambullen y no vuelven jamás a salir, o porque se ahogan de cansados y sin fuerzas y por no poder resollar, o porque algunas bestias marinas los matan o tragan».
En la medida que se fue consolidando el negocio de la obtención de la perla, Nueva Cádiz fue tomando característica de pueblo organizado.
A partir de 1525, y a pesar de lo difícil que era vivir allí sin agua dulce y sin ningún árbol dado que las condiciones de la tierra lo hacían imposible, Cubagua existió hasta 1543 cuando los españoles deciden abandonarla, después de haber acabado con las perlas de su lecho marino.
De dónde venimos Esta porción terrestre del continente conocida como Venezuela y que conforma con todos sus paisajes, pasiones, historias y su gente lo que hoy tenemos de país, tuvo su consagración ante el imperio español, cuando en 1528 Carlos V le concediera a los Welser desde el «Cabo de la Vela y Golfo de Venezuela y el Cabo de San Román y otras tierras hasta el Cabo de Maracapaná», que se simplificó luego cómo «Provincia de Venezuela y Cabo de la Vela», para terminar en «Provincia de Venezuela».
Fue así cómo los conquistadores tierra adentro se fueron encontrando con el río Orinoco y el Apure; con la inmensidad de nuestro Santo Ángel, el Cerro Ávila y el Pico Bolívar, y por no dejar con el majestuoso Lago de Maracaibo, las llanuras de nuestro país y las playas más bellas del Mar Caribe.
Además, con nuestros Guajiros, Paraujanos, Caquetíos, Aliles, Onotos, Kirikires, Bobures, Buredes, Pemenos y Timoto- Cuicas.
Cuentan que los Reyes Católicos ante la posibilidad de que estas riquezas quedaran en tierras asignadas a Portugal por el Tratado de Tordesillas, les encomendaron a los marinos Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Niño, una expedición que tanteara doscientas leguas a uno y otro lado de lo descubierto por Cristóbal Colón.
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