A 3 meses de los sismos: Caraballeda entre terrenos planos, refugios vulnerables y la espera por viviendas
Volver a transitar por la avenida José María España de la urbanización Caribe, en la parroquia Caraballeda, definitivamente, ya no es lo mismo.
En los terrenos que se erigían edificios residenciales, canchas deportivas, parques, negocios y restaurantes, ahora están completamente planos.
A tres meses del doblete sísmico, este 24 de septiembre las autoridades ejecutaron la implosión controlada de al menos diez edificaciones que sufrieron daños irreversibles.
Las maquinarias operan sobre las ruinas en una carrera para culminar las labores de remoción.
Esta prisa preocupa a los vecinos que aún buscan a los suyos, quienes denuncian la falta de humanidad de los maquinistas al trabajar sin cuidado sobre las toneladas de concreto que aún mantienen a los cuerpos de sus allegados atrapados.
El resultado de los trabajos de remoción transformaron las vistas con montañas de escombros en la franja costera, justo en la avenida José María España, a la altura de Los Corales.
En las calles, que ahora lucen un poco más despejadas, se observa el despliegue de funcionarios de seguridad y cuadrillas del Ministerio de Obras Públicas junto al Plan Venezuela Renace, con la intención de restaurar las pocas infraestructuras que quedaron en pie.
Algunos de estos inmuebles sobrevivientes exhiben carteles en sus fachadas con la advertencia de “propiedad privada”.
Es un esfuerzo de los propietarios por resguardar lo que el desastre no logró derribar, en medio de una tragedia que, según el balance emitido por el gobierno interino, dejó un saldo que supera los 6.500 fallecidos en el litoral central.
Sobrevivir a la intemperie y a la pérdida En el campo de golf de Caraballeda, decenas de familias se niegan a ser reubicadas a otros refugios como el polideportivo José María Vargas y Mare Abajo, en la parroquia Carlos Soublette.
Angélica Velázquez, de 31 años de edad, rechaza este traslado y exige una solución definitiva por el deterioro diario del campamento.
“Nosotros no queremos refugio, queremos salir de aquí con nuestras casas porque el calor es horrible y cuando llueve se nos inundan las carpas”, dijo en una entrevista a Efecto Cocuyo.
A Angélica el colapso de la estructura donde residía le arrebató a dos de sus cinco hijos, cuyos cuerpos quedaron tapiados durante una semana.
“Gracias a Dios los encontré a los seis días en la OPP 26, a la niña de quince años y al varón de diez”, agregó.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en efectococuyo.com — el contenido pertenece a Efecto Cocuyo.