#OPINIÓN Cruz Monzón Bartolomé: la vocación como ejemplo y la amistad como bandera #20Ago
Hay seres que no solo transitan por la vida , sino que la van bordando con la paciencia de los antiguos artesanos y la entrega callada de quien comprende el verdadero peso de la justicia.
Escribir sobre un amigo así no es redactar un perfil; es desempolvar el tintero de la nostalgia, encender la lámpara del recuerdo y dejar que el alma dicte la crónica de un hombre imprescindible.
Hablo de un jurista especialista en Derecho de Familia y Protección , doctorado en Gerencia, especialista en Criminalística de Campo y Derecho Penal, e igualmente docente universitario.
Hablo de esos que ya casi no se encuentran, de los que no conciben la profesión desde la frialdad de un escritorio de caoba ni la vanidad por los elogios en un tribunal, sino desde la trinchera del afecto y el deber cumplido.
Un hombre abnegado , cuya eficiencia jamás le restó calidez, y cuya cordialidad siempre ha sido el primer refugio para quien acude a él despojado de esperanza.
Hay una poesía sutil en la forma en que entrega sus días a los demás. En un mundo vertiginoso donde las horas se consumen sin memoria , él conserva la pausa noble del saludo afable, la taza de café compartida sin prisa y la palabra precisa que calma las tormentas ajenas.
Para él, la abogacía nunca ha sido un oficio de frías leyes escritas sobre papel sellado; ha sido, más bien, un arte de templanza, una forma de devolver la paz a quien la ha perdido.
Su trayectoria en el servicio público no es más que el reflejo de esa misma luz interior.
Ocupó con dignidad y altura diversos cargos, dejando en cada uno la huella imborrable de la rectitud. Pero quizás donde su entrega alcanzó el matiz más conmovedor fue en aquel altar de sensibilidad humana: la tutela y defensa de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.
Proteger la infancia requiere un temple distinto. No basta con conocer el código; se necesita un corazón despierto para descifrar el llanto callado, la mirada temerosa o la risa robada. Allí, en ese territorio donde la fragilidad humana exige mayor firmeza, él fue faro y escudo.
Con la ternura de quien protege un jardín en penumbras y la solidez de quien no doblega sus principios, veló por que la primavera de los más pequeños no fuese empañada por la injusticia.
Hay hombres que pasan por la gestión pública y dejan documentos; hay otros, como él, que pasan y dejan certezas: la certeza de que el bien es posible cuando la justicia se abraza con amor
Hoy, al mirar en retrospectiva el camino recorrido, el pecho se llena de ese romanticismo límpido que produce admirar a los justos.
Saberlo amigo es un privilegio noble; saberlo eficiente, una tranquilidad para el espíritu; pero saberlo humano —profundamente humano— es un regalo para la memoria.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elimpulso.com — el contenido pertenece a El Impulso.