El inesperado destino de los 46 trabajadores detenidos en una redada del ICE
María Eugenia García con una foto de su hija Killy Tatiana, en su casa en Elizabeth, Nueva Jersey, el 11 de junio.
Corrie Aune La segunda hija de María Eugenia García nació prematura.
Killy Tatiana Yangquen García llegó a este mundo a los siete meses, pequeñita y frágil, dependiente de la protección total de su madre.
Vivió sus primeros 20 años pegada a María Eugenia, nunca lejos la una de la otra.
Hasta que a Killy Tatiana la apresaron en una redada en el almacén aduanero donde trabajaba sin papeles una mañana maldita de octubre.
“¿Entiendes el cuidado que he tenido con ella y que me la arranquen así? ¿Y yo no poder protegerla? No la he vuelto a ver, solo por videollamada”, solloza la madre desde su hogar en Elizabeth, donde se mantiene escondida desde que a su hija la detuvieran y enviaran de vuelta a Colombia, el país del que emigraron hace más de una década.
Por El País Sentada en el comedor de su casa bajo el amparo del aire acondicionado una tarde calurosa de junio, entre llantos y golpes sobre la mesa cuando la angustia la supera, María Eugenia, de 53 años, relata lo que EL PAÍS ha podido reconstruir a través de tres meses en una decena de entrevistas: cómo una redada truncó las vidas de medio centenar de personas y sus familiares.
Era temprano en la mañana el 29 de octubre pasado.
Se suponía que Killy Tatiana trabajaría remoto, pero le pidieron que fuera a la oficina.
María Eugenia fue la primera en salir de la casa.
Se fue, como de costumbre, a ayudar a cuidar a la bebé de la hermana de Killy Tatiana.
“Llegué, acosté a dormir a la niña y me dormí también.
No sabía qué pasaba detrás de la puerta.
Dormí una hora, pero en un sueño profundo; no entendí cómo ese día me dio tanto sueño”, cuenta la madre.
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