Una fallecida, solidaridad y pueblos arrasados a una semana del terremoto de 7,7 en Panamá
El potente terremoto de magnitud 7,7 en Panamá cumple este viernes una semana de sacudir el país en su zona más rural con solo una fallecida, pero pueblos arrasados cerca del epicentro y damnificados durmiendo a la intemperie entre muestras de solidaridad ciudadana.
A las 12.56 hora local, el fuerte terremoto dejó en segundos más de 13.000 damnificados, pero ningún desaparecido y menos de una treintena de heridos, según el registro oficial, mientras permanecen unas 3.700 personas en albergues temporales.
Los principales daños ocasionados por la liberación de energía de dos placas se concentran en las provincias de Los Santos, Herrera y Veraguas que conforman la conocida como península de Azuero, una zona rural compuesta de pequeños pueblos al estilo de la colonia española, con una población envejecida que depende de la agricultura y la ganadería.
Un equipo de EFE se trasladó desde las primeras horas del pasado 9 de octubre, tras temblar todo el país, hacia esa área que aún sufre las más de 600 réplicas registradas, algunas de magnitud mayor a 6, ante la tensión de los vecinos perjudicados, carreteras colapsadas con tramos desaparecidos y un patrimonio histórico hecho añicos.
En las primeras 48 horas del terremoto EFE pudo comprobar que las autoridades verificaron las estructuras de las poblaciones más cercanas -y mejor conectadas- así como intentos por reabrir vías que mantenían pueblos incomunicados, mientras que los poblados más cercanos al epicentro aún esperaban la respuesta del Gobierno.
Una semana después del terremoto, los vecinos de los pequeños pueblos alejados continúan acampando en parques públicos, mientras organizan en las calles destrozadas comidas comunales en ollas gigantes bajo el incesante sol de la mañana y lluvias torrenciales durante la noche, que complican aún más la situación.
Ese panorama se repite pueblo tras pueblo en la península de Azuero al recorrer carreteras secundarias, con casi 900 familias que han perdido sus viviendas y cerca de un millar con daños moderados, según cifras oficiales.
"Estaba muy preocupada cuando sentimos el movimiento. Estábamos muy lejos de la casa (...) no tengo palabras para explicar lo que estamos pasando aquí", dijo a EFE el martes Sonia Valdés, vecina del pueblo de La Pitaloza, cercano al epicentro, tras perder su casa.
Además se contabilizaron 619 centros educativos afectados, de los cuales 35 colapsaron totalmente, y daños en más de 60 edificios gubernamentales, 44 iglesias, 67 centros de salud, 11 hoteles y una decena de carreteras, vías y puentes de todo el país.
Sin embargo, en muchos de ellos se ha logrado restablecer los servicios básicos después de que el terremoto provocase la caída del tendido eléctrico y detuviese temporalmente el servicio de agua potable por los daños en las potabilizadoras, como fue el caso del pueblo de Tonosí, próximo al epicentro.
"No me he atrevido a ir a mi casa. Estaba en el trabajo y todo comenzó a moverse. Todos quedamos en el suelo.
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