Solidaridad automática hoy
Hace algunos años, una periodista y profesora, cuyo nombre no mencionaré, acuñó en un artículo de opinión un término que impactó fuertemente en la cultura política del país: la solidaridad automática.
Sin duda, se refería al peligro que implicaba apoyar la propuesta de una persona o un grupo de personas sin la debida investigación previa sobre aquello que se proponía.
Advertía entonces -la no mencionada profesional de la comunicación- sobre el altísimo riesgo que significa respaldar, de manera ciega e incondicional, alguna posición o acción política.
Esto no tiene que ver con la solidaridad, justa y necesaria, que en momentos de un desastre natural o de un hecho de conmoción nacional, surge de manera espontánea por parte de personas que asumen como algo ineludible apoyar a víctimas o afectados por una tragedia colectiva.
Por ejemplo, el doblete sísmico del pasado 24 de junio.
Lo que se critica aquí es cuando, sin reflexión previa y sin pensamiento crítico, se sigue una bandera, a veces falsa, porque “se conoce a la persona” o se confía ciegamente en lo que esta representa.
En Venezuela, debido al proceso histórico de los últimos 27 años, hemos experimentado, como decía Ignacio Ellacuría, un proceso de capacitación colectiva que hoy nos permite discernir y analizar nuestro contexto actual para tomar las mejores decisiones.
Aunque en el artículo pasado dije que hay quienes no distinguen entre lo real y la realidad, también confío en la capacidad crítica de nuestro pueblo para entender el momento histórico que enfrentamos.
Sin embargo, hay otro tipo de solidaridad automática que existe hoy en día y es la que se le atribuye a una persona cuando alguien cercano o conocido asume una postura pública sobre un asunto de interés nacional.
La denomino “solidaridad automática atribuida”.
En pocas palabras, me refiero a cuando un relacionado dice algo y, automáticamente, otros creen que tú piensas igual, pero no lo dices por temor o autocensura.
En estos momentos de toma de altisonantes posiciones, cuando particulares asumen posturas controvertidas, sean las que sean y en diferentes ámbitos de la política nacional, es un gravísimo error y una gran ingenuidad creer que sus amigos, compañeritos, camaradas, hermanos o relacionados piensan igual.
Como dije la semana pasada, también ojo con eso.
No siempre es así.
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