Aulas en ruinas, maestros sin casa: el sistema educativo en supervivencia
Aunque el retorno a clases está previsto para el 14 de septiembre de 2026, ese llamado oficial pondrá a prueba no solo la resistencia física de las escuelas que quedaron en pie, sino la capacidad real de un cuerpo docente exhausto: sin salarios dignos (el que más gana no pasa de 300 dólares), sin casas y sin trabajos.
El doble sismo del 24 de junio que sacudió la franja central del país —que dejó profundas marcas en Aragua, Carabobo, Miranda, Yaracuy, el Distrito Capital y, con especial crudeza en La Guaira— transformó la rutina ya precaria de miles de docentes en un ejercicio de supervivencia pura.
A las pérdidas de bienes inmuebles y humanas —que en La Guaira Consenso Educativo calcula entre 120 y 130 educadores activos, jubilados y pensionados— se suma la devastación física: según el Ministerio de Educación los sismos afectaron a cerca de 900 de las 27.000 escuelas que hay en el país.
Efectivamente, el Ministerio de Educación informó el 3 de agosto, desde su cuenta de Telegram, que las clases en Venezuela comenzarán el 14 de septiembre, en el contexto del nuevo año escolar 2026-2027.
Para el 31 de agosto, el ministro Héctor Rodríguez informó que intervienen simultáneamente 1.500 planteles, de los cuales 1.000 corresponden a infraestructuras afectadas por el doblete sísmico, y habló de nuevo del plan especial de rezonificación de la población estudiantil.
Días atrás mencionó que los alumnos de 91 escuelas, de las cuales 11 colapsaron completamente, serían reubicados en entornos cercanos a su hábitat de origen.
El vocero no ofreció balances ni datos precisos de cuántos son.
Tampoco habló de la plantilla de docentes y del personal administrativo afectados y que también entran en este proceso de reubicación.
Hay escuelas que deben ser demolidas.
Foto: Cortesía ¿Y los afectados dónde están? En las parroquias caraqueñas de El Paraíso, San Bernardino o El Recreo, y a lo largo de la franja costera de Vargas, entre 6.300 y 7.200 profesores vieron desvanecerse sus aulas de trabajo de la noche a la mañana.
“En este momento no disponemos de un reporte o investigación oficial para responder con precisión.
Sin embargo, estimamos que entre 6.300 y 7.200 docentes activos resultaron directamente afectados al quedarse sin instalaciones de trabajo, pues forman parte de las más de 400 escuelas contabilizadas como dañadas por la UNICEF.
La cifra exacta sobre el impacto real en la escasez de docentes la conoceremos una vez iniciado el año escolar, al contrastar las nóminas tras las primeras semanas de clases”, refirió Carlos Calatrava, profesor e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab).
“Aún se estudia la situación laboral que dejaron los sismos.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en efectococuyo.com — el contenido pertenece a Efecto Cocuyo.