Necesidad y valor, una empuja y el otro jala!
¿Qué le motiva y mueve todos los días a levantarse, a vivir, a comportarse de tal o cual manera ?
¿Qué le hace aguantar las situaciones más apremiantes, más difíciles, de carestía, de hambre, de sed, de cautiverio, de humillación, de castigo?
El hombre, apenas es otra especie animal más, pero su especie, los homininos, tiene 2,8 millones de años, si se le ve desde el Homo Erectus, o más cercana, entre 300.000 a 100.000 años, si se ve desde el Homo Sapiens; sin embargo, esta especie ha evolucionado, tiene la conciencia del yo, lo simbólico, la razón, la lógica, la cognición, pero también del amor, la compasión, la nobleza, la solidaridad, la felicidad, la responsabilidad, el respeto, el orgullo, entre tantos otros valores que le guían en su vida; la suma de estas actitudes y aptitudes le han permitido mejorar su adaptación al medio y la transformación de la naturaleza, en muchos casos o tal vez se deba decir en algunos casos.
También, le han hecho débil, perverso, depredador, inhumano, llevándole al borde de su propia destrucción como especie y la del planeta que habita y le da sustento.
Es bueno aclarar que el humano no actúa por instintos, él ha desarrollado un sistema de regulación y guía del comportamiento al que le decimos carácter, es allí donde entran los valores.
Con frecuencia se usan como sinónimos, pero hay una diferencia sutil, uno se centra en la carencia, en lo qué es, y el otro en lo qué debe ser . Se podría decir que es una cuestión de perspectiva.
No cabe duda que si tenemos sed y se han pasado varios días sin el preciado líquido, el agua, será el impulsor, el motor de nuestras acciones, de nuestra atención, de nuestra prioridad, nuestra disposición será mayor hacia ese bien.
De igual manera si se tiene hambre, el alimento será más prioritario, más valioso, que una computadora con el hardware apropiado para correr el último modelo de Inteligencia Artificial Generativa.
La disposición relativa a priorizar el deseo de uno u otro “algo” dependerá de las necesidades y de las circunstancias.
Pareciera, entonces, que el valor de “algo» -bien, servicio, sentimiento, creencia, conducta- cuya disposición humana relativa de preferencia, deseo, cambia en base a las necesidades, el contexto y las circunstancias.
Mientras la necesidad empuja el valor atrae, la fuerza de ese empuje depende de las circunstancias ¿y la fuerza de esa atracción de qué depende?
Allí, la filosofía y la ciencia han estado tratando de averiguar dónde está la base de este cambio de disposición relativa.
La filosofía, los ilustrados , la atribuyen a la razón pura, un ejercicio puramente lógico, mental, que debe dominar los instintos, los impulsos. Otros, desde la filosofía, han establecido una jerarquía objetiva de valores, que va más allá de la razón, como por ejemplo la jerarquía de Scheler, de menor a mayor: agradables (placer/dolor), vitales (salud, vigor, bienestar), espirituales (belleza, justicia, verdad) y los religiosos (lo santo y lo profano).
Los psicólogos, han elaborado en base a estas jerarquías de valores jerarquías de necesidades, cambiando el foco.
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