La urgencia de un acuerdo histórico
Foto: EFE Por Noel Álvarez * Venezuela transita un momento crucial donde la preservación del país exige un nivel superior de madurez política y compromiso ciudadano.
Tras más de dos décadas de un modelo autoritario que ha fracturado la vida social y económica de la nación, la estructura en el poder muta hoy hacia dinámicas caracterizadas por el afianzamiento del control social y la restricción progresiva de los derechos fundamentales.
Enfrentar esta realidad demanda con urgencia dejar de lado las diferencias menores y enfocar los esfuerzos en la reconstrucción democrática.
Resulta indispensable reconocer que el adversario real de los venezolanos no se encuentra dentro del abismo de las rencillas internas, ni en los desacuerdos que habitualmente surgen entre las agrupaciones democráticas.
La verdadera amenaza reside en el régimen que detenta el poder de forma ilegítima y en el aparato institucional que sostiene la conculcación de libertades.
Mientras las fuerzas que anhelan el cambio continúen desgastándose en debates estériles, la permanencia de quienes hoy ocupan la dirección del Estado seguirá estando trágicamente garantizada por nuestra propia fragmentación.
Las facturas del pasado y las pugnas por cuotas de protagonismo han sido el obstáculo más costoso para lograr la libertad.
Durante años, los personalismos y la incapacidad de postergar los egos han minado la confianza de la ciudadanía y debilitado la causa común.
Es preciso comprender que la diversidad de visiones sobre el futuro de Venezuela es una riqueza legítima, pero pretender saldar esas cuentas en el momento equivocado solo beneficia a la estructura represiva que busca perpetuarse en el poder sin ningún contrapeso.
Las elecciones como prioridad Es comprensible que dentro de la dinámica política surjan legítimas aspiraciones a gobernaciones, alcaldías y curules parlamentarias entre los distintos liderazgos.
Sin embargo, resulta imprescindible entender que ninguna de esas ambiciones individuales podrá concretarse de manera transparente mientras no rescatemos el Estado de derecho y la institucionalidad del país.
Hoy la prioridad absoluta debe concentrarse en lograr elecciones presidenciales libres y transparentes ; postergar las aspiraciones particulares no es una renuncia, sino un acto de grandeza y responsabilidad, pues por encima de cualquier proyecto personal o partidista siempre estará la salvación de la República.
La reunión de todos los factores comprometidos con el restablecimiento constitucional debe asumirse como un imperativo estratégico de primer orden.
Esta convergencia no exige la renuncia a los principios ni a las identidades de cada sector, sino la firme decisión de anteponer el bien superior de la nación.
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