La lección del otoño: todo cambia
Vivir en un país del norte me permite experimentar el otoño, una estación que, en lo particular, me gusta muchísimo y que cada año me reafirma una idea: en la vida, todo cambia.
Mercedes Sosa convirtió esa sencilla verdad en canción y, quizás, con el paso del tiempo uno aprende a comprenderla mejor.
Las hojas de los árboles transforman su tono.
Aparecen el amarillo, el ocre y el rojizo durante unas semanas, regalando un espectáculo visual realmente fascinante.
Después llega el frío, las hojas caen y la naturaleza entra en otra etapa de su ciclo.
Y quizás por eso el otoño se parece tanto a la vida.
Hay momentos en los que nos inunda el color, la alegría, la energía y hasta la sensación de que todo está en su mejor momento.
Pero también existen períodos en los que aparece la nostalgia, algunas cosas terminan y debemos aprender a desprendernos de aquello que ya cumplió su ciclo.
Luego, poco a poco, llega otra etapa.
Se recupera la firmeza, vuelve a proyectarse el horizonte y aparecen nuevos motivos para continuar hacia aquello que todavía anhelamos en este tránsito por el mundo.
En este sentido, más allá del color propio de una estación, el otoño nos recuerda que en la vida todo se transforma.
Hay momentos intensos, de una compleja belleza, que debemos aprender a disfrutar mientras están presentes, pero también debemos abrir espacio para recibir nuestras propias transformaciones y agradecer al universo por permitirnos experimentarlas.
En lo personal, mi proceso migratorio me permitió vivir mi propio otoño: una temporada de mucho color que, sin saberlo, me preparaba para lo que venía, dejarlo todo atrás y empezar de cero en una nueva tierra, con otra cultura y otro idioma.
Este proceso me hizo un mejor hombre.
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