Conferencia Episcopal Venezolana: Se requiere un especial y constante esfuerzo de unidad para superar la crisis política y económica
“La grave situación política, económica, social que hoy vive Venezuela no es el producto de una coyuntura, sino la consecuencia de la implementación de un proyecto de país que se fue desarrollando paulatinamente durante tres décadas con la finalidad de copar y controlar todos los ámbitos de la vida nacional», así lo afirmó este lunes 19 de octubre el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Jesús González de Zarate .
Estas palabras corresponden al inicio del ciclo 126° de Asamblea Ordinaria Plenaria de la CEV en la que abordaron los retos de la iglesia ante el doble terremoto y evaluar la realidad política y económica de la nación.
Según sostuvo el prelado, la nación debe transitar por un período de unidad para que de esta manera se logren acuerdos concretos que sirvan para superar la grave crisis política y económica en la que está sumida.
“En esta hora se hace necesario un profundo discernimiento que ayude a superar la tentación de quedarnos en análisis de corto alcance, ya que estos impiden valorar la complejidad y la gravedad de los asuntos que están en juego.
Si fuera así, como ya ha sucedido en otras ocasiones, eso podría generar mayor desilusión y angustia, sobre todo si reconocemos que son muchas las actuales expectativas que se amontonan en la mente y en los corazones del pueblo venezolano”, sostuvo.
Por otra parte, reconoció que concretar un cambio político en el país no es tarea fácil, puesto que esto implica cambiar modos de pensar, actuar, estructuras de poder y control las cuales, enfatizó, “se formaron y profundizaron durante mucho tiempo”.
“Se requiere una especial y un constante esfuerzo de unidad para superar esta crisis”, dijo.
A juicio de Zarate, lo ocurrido el pasado 3 de enero fue una consecuencia inmediata de personas que, detalló, “privaron las visiones e intereses particulares sobre el bien de todos” por lo que derivó en la intervención de un “agente externo” para la resolución de ese problema.
Sin embargo, lamentó que “las dos más grandes y sentidas necesidades del pueblo”, como lo son la mejora en condiciones económicas y transición a un proceso de democratización, se han diluido en estos nueve meses lo que lleva a los ciudadanos a entrar en un estado de desánimo.
“La iglesia debe hacerse eco del deseo generalizado del pueblo venezolano a vivir en un país en que todos nos sintamos reconocidos como ciudadanos con iguales condiciones y oportunidades, agentes en la construcción de nuestro destino y no meros destinatarios de los beneficios gubernamentales o de las decisiones de otros miembros de una sociedad donde reine la paz, la justicia y la libertad, se reconozca la dignidad de la persona y sus derechos y las leyes y las instituciones.
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