En La Guaira la gente recompone con retazos la vida que le queda y busca cerrar capítulos que le permitan escribir su nueva historia
En los escombros de los edificios en La Guaira, la gente no solo busca cuerpos de familiares desaparecidos que aspiran encontrar para darle una digna sepultura.
También, busca vidas perdidas y elementos para reconstruir a retazos sus recuerdos.
Este sábado 29 de agosto bajamos nuevamente.
Tomamos «la camioneta» en Gato Negro.
No fuimos parados para aprovechar el tiempo, bajar más rápido y seguir mirando de cerca un proceso que apenas comienza.
Ese que apenas asoma la cara más dura que es la de seguir viviendo con el dolor pegado en la piel y la búsqueda de cerrar capítulos.
Nos bajamos en Macuto.
Caminamos desde el estadio de beisbol hasta las Opppe de Playa Los Cocos.
En el trayecto, como locos en una playa, sentimos el abrazador calor de la angustia que se respira.
La incertidumbre se cuela por los poros.
Nos encontramos lo que quedó del Hotel Edwars.
Por fin lo vimos con los pies sobre suelo y nos acercamos hasta el pórtico.
Las columnas principales agrietadas sostienen lo que queda en pié, como si fuera una señalización: «Aquí estaba el hotel Edwars» Más adelante, en la plaza de Las Palomas, otra cara de lo que se vive en Macuto.
Un hotelero abrió porque no puede darse el lujo de esperar a domesticar el dolor que vive con sus vecinos, que muchas veces ve caminando con la cajita de madera que portan las cenizas de sus familiares que recién lograron despedir.
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